EL ARTE MUDÉJAR EN EL SANTUARIO DE LA VIRGEN DEL CAMPO

OTRA JOYA DEL PARIMONIO DE CAMARILLAS

El Aragón rural es tierra de santuarios. Algunos son sencillos, como los peirones y las ermitas, y tienen una influencia local. En otros, la veneración religiosa trasciende los límites del término municipal y atrae a personas de otros pueblos. Estos últimos suelen conformar conjuntos arquitectónicos y suelen estar formados por una ermita, estancias para los romeros y, en ocasiones, viviendas para las personas que los cuidaban y gestionaban su tierras.

Bajo un punto de vista patrimonial uno de los santuarios más importantes del sur de Aragón es el que está dedicado a la Virgen del Campo, en Camarillas. Tiene un gran interés artístico por la variedad de los edificios, por la diversidad de estilos artísticos y por la calidad de la obra.

Es por ello que el Gobierno de Aragón declaró al Santuario de la Virgen del Campo de Camarillas como Bien de Interés Cultural, en la categoría de Monumento, en octubre de 2001 (Decreto 244/2001, de 2 de octubre).

El santuario se ubica en la estrecha vega del río Penilla, afluente del Alfambra por su margen derecha, pero muy cerca del Cabecico del Palomar, un pequeño cerro que emerge sobre la llanura.

La tradición afirma que una joven que labraba en un campo situado de este paraje, en compañía de su padre ciego, encontró una hermosa talla de la Virgen. Esta resplandecía como una estrella y ante la oración y la súplica del padre, recuperó la visión. Los reiterados traslados de la imagen al pueblo de Camarillas y los milagrosos retornos al lugar del hallazgo debieron ser el motivo de la construcción de una primera y sencilla iglesia, así como el de la creación en 1374 de la Cofradía de Nuestra Señora del Campo de los Ballesteros, entidad gestora de los bienes asociados al primitivo templo, según afirma el Padre Faci,

A la devoción a la Virgen del Campo se le reconocen numerosísimos milagros a juzgar por el número de exvotos que albergaba. Los papas Leon X y Pablo V concedieron bulas a principios de los siglos XVI y XVII a los cofrades y a los visitantes.

Durante siglos y hasta hace tan solo unas pocas décadas al santuario acudían romeros de buena parte de los contornada en el último fin de semana de mayo. La importancia de la devoción popular y los recursos económicos que fue adquiriendo, desde el final de la Edad Media hasta el siglo XVIII, permitieron su crecimiento incorporando diversos edificios hasta crear santuario monumental.

Los edificios se organizan en torno a un patio semiabierto.

Hacia el norte se levanta una iglesia de estilo gótico, conocida como la ermita Vieja, que fue construida en el siglo XIV, que queda oculta un pórtico renacentista (s. XVI) de dos pisos con lonja en el inferior .

Hacia el este se encuentra la ermita Nueva, un voluminoso templo de estilo barroco construido en el siglo XVIII del que emerge un vistoso cimborrio.

Entre ambos edificios se levanta una torre campanario de estilo mudéjar de característica fábrica en ladrillo construida en el siglo XVIII.

Hacia el oeste aparece la Casa del Ermitaño, de mampostería y estilo popular, acompañada por otras dependencias.

Cierra el conjunto, en la parte sur, la fuente-abrevadero construida en piedra …

… y la basa del antiguo peirón situada en el centro del patio.

En este artículo queríamos poner el acento en la singularidad del arte mudéjar de dos edificios de este santuario: la ermita Vieja y la torre campanario.

La ermita Vieja es un edificio discreto y de factura popular. Construido en la primera mitad del siglo XIV y sigue el estilo gótico de la época.

Se accede por una puerta de madera situada en la parte suroeste del edificio, bajo el pórtico.

Tiene una sola nave dividida en cuatro tramos …

… y está cubierta con bóvedas de crucería sencilla con nervio longitudinal.

La ornamentación es austera, apareciendo detalles geométricos y heráldicos tanto en las claves …

… como en las ménsulas de los nervios …

Según apunta APUDEPA la ermita Vieja debió mantener el culto -coexitiendo con la Nueva- hasta 1936. Como en tantos templos del Alto Alfambra, la llegada de las columnas de milicianos en los primeros meses de la Guerra Civil causó la destrucción del arte sacro. En el caso del Santuario de la Virgen del Campo los retablos mayores de las dos ermitas, las imágenes, el órgano y objetos litúrgicos. Desde entonces el templo fue dividido en dos, la mayor parte de la nave fue dedicada a pajar y la capilla mayor quedó aislada por un tabique de ladrillo, por razones de seguridad.

El ábside es la parte más interesante en cuanto al tema que nos ocupa pues presenta una interesantísima decoración mudéjar. Tras quedar separado del resto del templo dispone se creó un acceso independiente a través de una puerta situada, igualmente, bajo el pórtico.

Tiene una planta poligonal de cinco lados y una bóveda de crucería sencilla, parcialmente hundida.

Para evitar el colapso completo de la bóveda se han levantado unos tabiques de ladrillos y se han colocado vigas y puntales de madera.

En los plementos, en torno a la clave, hay un dibujo muy sencillo e incompleto. Se trata de un conjunto de siete círculos concéntricos y, entre ellos, de otras tantas alineaciones de estrellas de ocho puntas. Es una esquemática representación de los siete cielos del paraíso musulmán, la Yanna.

Gonzalo Borrás, en «El arte mudéjar en Teruel y su provincia», indica que este tema iconográfico es un rasgo que caracteriza a la decoración mudéjar aragonesa.

José Antonio Tolosa añade en «Aragón Mudéjar» que este motivo tiene su origen en el mudéjar turolense, extendiéndose por la Comunidad de Calatayud en la decoración interior de las iglesias construidas en la primera mitad del siglo XV.

A pesar del deterioro, en la parte de los nervios que descansan en la clave aparecen claramente dibujados una serie de cabezas de dragón con las fauces abiertas, devorando a los propios nervios.

Según Borrás, de nuevo nos encontramos ante un motivo propio del mudéjar turolense que aparece muy bien representando en la decoración de las piezas de cerámica. Tolosa indica que resulta común en la decoración del interior de las iglesias mudéjares construidas en la primera mitad del siglo XV.

El dibujo de rectángulos policromados que simulan una superficie enladrillada en las superficies de los plementos también es una característica de la pintura mural de estilo gótico mudéjar.

Los simulados ladrillos combinan los colores rojo, blanco y azul de diversas formas …

… albergando la mayoría de los «ladrillos» de color rojo una estrella de ocho puntas con una larga cola, que recuerda a un cometa o a una estrella fugaz.

En las inmediaciones de cada nervio se dibujan unas cenefas en las que una línea negra ondulada delimita espacios vivamente pintados y dibujados con motivos vegetales.

A lo largo de los nervios se dibuja un despiece que simula las piezas de cantería y que igualmente está vivamente policromado.

Estos nervios descansan sobre unas repisas ornamentadas con ángeles tallados en yeso. Están detallados los rostros, las plumas de las alas y los pliegues de los vestidos, prendas que corresponden a la moda hispano-flamenca de la segunda mitad del siglo XV.

Uno de los ángeles está coronado y mantiene el Señal Real de los Reyes de Aragón, reconocible gracias al buen estado de conservación de la pintura …

El motivo heráldico del segundo ángel no resulta visible, habiendo perdido la pintura casi en su totalidad.

Otros dos ángeles portaban instrumentos musicales. Uno desapareció tras ser arrancado completamente. El otro tañe una cítara …

A juicio de Gonzalo Borrás, la fecha de las tallas de los ángeles sirve para datar el conjunto de la ornamentación de la bóveda del ábside. Es decir, la segunda mitad del XV.

La representación del paraíso musulmán en la capilla mayor sugiere que fue realizada por algún artista de religión islámica, con o sin el conocimiento por las autoridades cristianas que gestionaban esta ermita.

La otra manifestación de arte mudéjar es la torre campanario, que se encuentra adosada al ábside de la ermita Vieja.

La escasa altura, el quedar oculta por otros edificios y el gran volumen de la ermita Nueva resta distinción a la torre.

Es una torre con dos cuerpos, el inferior de planta cuadrada y construido con piedra sillar, y el superior de planta octogonal y con fábrica de ladrillo. Este modelo es característico de muchas de las torres mudéjares turolenses construidas durante los siglos XVI, XVII y XVIII.

José Antonio Tolosa sugiere que el cuerpo inferior pudo corresponder al campanario de la ermita Vieja y sobre el mismo, siglos después, se levantaría el cuerpo superior en ladrillo.

Los vértices que separan las ocho caras coinciden con destacados contrafuertes. Se divide en cuatro cuerpos de desigual altura que están separadas por impostas decoradas con salientes de ladrillo y con piezas de cerámica pintadas en cartabón con coleres azul y blanco.

Es variada la ornamentación de los espacios que quedan delimitados por los contrafuertes de los tres primeros cuerpos. Son formas creadas por la combinación de ladrillos salientes y de pequeñas piezas de cerámica esmaltada. Rombos y cuadrados en sobrehundidos en el primero y el segundo, y un templete sostenido con pilares que protege a una cruz, en la tercera.

El cuerpo mayor es el correspondiente al campanario. Cada cara alberga un vano que está enmarcado en un doble arco. En la parte inferior presenta un medallón que debió tener un busto en yeso y en la superior una ornamentación de pequeños pilares. Todo ello está protegido por una cornisa volada adornada con una línea de azulejos.

Esta torre tiene una notables similitudes con las de Navarrete del Río y la de Peralejos, lo que sugiere que pudieron ser levantadas por el mismo equipo de constructores. La finalización de la torre de Peralejos está datada en 1657, un momento en el que el estilo barroco se está extendiendo y comienza a florecer, incluso en el medio rural.

La torre campanario del Santuario de la Virgen del Campo de Camarillas es, junto con la de Peralejos, la manifestación más tardía del arte mudéjar en tierras turolenses. Es otra prueba más del arraigo que tuvo este estilo artístico entre las élites y a nivel popular.

La singularidad del arte mudéjar de este santuario nos ofrece otra ocasión para disfrutar de un monumento tan conocido como querido por las gentes del Alto Alfambra.

Fotos: Rosa Pérez y Chabier de Jaime