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GERMINANDO

UN ESPORÁDICO FENÓMENO NATURAL

En primavera, de una a tres semanas antes de la salida de la hoja los chopos producen sus flores masculinas y femeninas en forma de racimos verdosos (amentos femeninos) o en forma de escamas glabras rojizas (amentos masculinos), momento coincidente con la época de máximo caudal en los ríos de la Europa templada.

Los amentos  masculinos son gruesos, cilíndricos, de 3-9 cm de longitud, colgantes y purpúreos tras su desarrollo. La flor masculina tiene entre 6 y 25 estambres de anteras rojizos que se ennegrecen tras la polinización. La flor femenina tiene un disco lobulado-dentado y un ovario sentado, verde con dos estigmas pardo-amarillentos en su extremo. La polinización se realiza mediante el viento. La floración masculina precede a la femenina.

Los amentos que llevan los frutos miden entre 10-15 cm de longitud. El fruto es una cápsula obtusa con dos valvas de 7-9 mm primeramente verdosa y después parda. Las semillas, que son marrones, tienen largos y abundantes pelos blancos y algodonosas. Por ello tienen una gran capacidad de dispersión y vuelan aún con la más ligera brisa, lo que en la cordillera Ibérica ocurre al final de la primavera.

Gran parte de la semilla es vana. Además tiene un corto periodo de viabilidad requiriendo unas condiciones muy precisas en el suelo para germinar. Solo lo hace sobre capas de limos empapados que permanecen el tiempo suficiente para facilitar el desarrollo de las raicillas pero no excesivo ya que entonces se producen condiciones anóxicas que les resultan desfavorables.

El periodo de dispersión de las semillas de chopo negro tiene lugar unas semanas después de las crecidas de los grandes ríos europeos tras el deshielo primaveral. Los amplios bancos de fango que se depositan en las márgenes fluviales ofrecen un ambiente idóneo para la germinación y reducen la competencia con otras plantas. El chopo negro es un pionero en la sucesión ecológica. Pero no siempre se produce este ajuste entre ambos fenómenos.

Es por ello que resulta habitual que muchos años no haya reclutamiento de nuevos individuos y eso explica que en los rodales naturales exista una importante estructuración por edades que son un reflejo de los episodios de inundaciones pasadas.

En el Alto Alfambra la imagen de las masas algodonosas colgantes de las ramas de los viejos chopos cabeceros es una estampa habitual cada primavera.

Y otro tanto ocurre con la de los caminos, sembrados, rastrojos o prados cubiertos …

La inmensa mayoría de estas semillas no llegan a germinar cada año. El río Alfambra tienen un régimen muy diferente al de los ríos centroeuropeos pues funciona realmente como un río-rambla, siendo la mayoría de las crecidas resultantes de episodios de lluvias torrenciales de verano u otoño más que de procesos de deshielo primaveral.

Sin embargo, en algunas ocasiones las lluvias primaverales pueden ser copiosas y provocar crecidas. O al menos, formar charcos de tal permanencia que permite la germinación de las semillas. Esto es lo que ocurrió el año pasado y permitió contemplar imágenes como estas.

Estas plántulas nacidas en los charcos de los caminos no tendrían futuro alguno, pero puede no ser el caso de algunas de aquellas otras nacidas en las orillas del río.

La primavera de este año 2019, tan escasa en lluvias, no ha permitido que se produjera fenómeno que, suponemos, tendrá lugar de forma esporádica.

Y es que, en la naturaleza los procesos de frecuencia regular son menos comunes y menos trascendentes en cuanto al funcionamiento de los ecosistemas de lo que pensamos.