EL VIEJO ÁRBOL, COBIJO DE FAUNA

A lo largo de la vida de un árbol vamos viendo cómo su fisonomía va cambiando. Llega un momento en el que las ramas superiores alcanzan un tope, la guía principal deja de crecer y la copa se ensancha adquiriendo una forma aparasolada. Las raíces del árbol han tocado fondo en el terreno, la raíz principal ya no puede profundizar más y las laterales no pueden ganar más territorio, pues la roca o las raíces de los árboles más próximos constituyen una barrera insuperable. En este momento comienza la senectud del ejemplar, antes o después, en una circunstancia adversa secará parte de las ramas y el tronco empezará a secarse. A partir de este momento comienza el declinar, poco a poco irá perdiendo porción verde y los distintos adversarios le irán atacando.

Veterano pino royo en el cerro de Rosa María (Gúdar)

Pensando en aprovechar la madera antes de que se deteriore, los forestales recomendamos cortar, pues no se debe dejar que los árboles lleguen a la vejez, pero para la vida del bosque el árbol viejo es el hogar de la fauna más activa de la foresta; allí, los aficionados a la naturaleza encontramos un mundillo animal de mucha mayor riqueza que en los árboles en pleno vigor.

Pico carpintero o pico picapinos (Dendrocopos major). Foto: Rodrigo Pérez Grijalvo

Es casi seguro que el pico carpintero habrá excavado una oquedad donde alojar su nido aprovechando que la madera en descomposición se trabaja con mayor facilidad que la verde. Pero lo que atrae más a los picos es toda la gama de insectos perforadores que están taladrando la madera. Así pues, el árbol seco, sustenta y cobija a los destructores de madera y sus predadores, con lo que entre ambas poblaciones se produce un equilibrio, ya que el ave desaparecería al escasear el sustento, y el insecto proliferaría sin trabas tras la desaparición del pájaro.

Larva de Saperda carcharias

En un monte, los insectos perforadores siempre encuentran algún árbol debilitado donde prosperar, pero para que existan pájaros carpinteros es necesario que a lo largo del año encuentren suficientes recursos con los que alimentarse y criar a sus pollos. Por este motivo, eliminar todos los árboles viejos del bosque supone que desaparecen los picos carpinteros, pero no las plagas de perforadores, con lo que en caso de debilidad de la masa boscosa, se puede dar una explosión demográfica de los insectos perforadores que alcance proporciones de daños mucho más elevados que si se respetan unos cuantos árboles decrépitos y secos.

Los orificios abiertos por los picos carpinteros son posteriormente utilizados por gran diversidad de pájaros insectívoros, con lo que un árbol viejo puede ser el inmueble donde se alojan otros muchos desinsectadores del bosque.

Sarga trasmocha en el Regajo de Jorcas.

En los bosques jóvenes carentes de oquedades, las cajas nido pueden albergar a estas aves, pero siempre da más alcurnia al bosque una vieja mansión que un chalet prefabricado.

José Manuel González Cano