CRISTALES EN EL RIBAZO

Bajaba por la pista de las Lomas de Valdespino hacia La Salobreja, en Monteagudo del Castillo. El regular estado de la pista debido a las generosas precipitaciones primaverales obligaba a poner atención en el volante. Pero, por el rabillo del ojo, me fijé en ellas en el talud abierto en una recurva. Ahí estaban las famosas arcillas del Keuper.
Era la ocasión de buscar los cristales de yeso que con frecuencia acompañan a estos sedimentos. En el valle de La Salobreja crece con tanta profusión la hierba que no siempre es fácil encontrar un buen afloramiento de arcillas. Le di un primer vistazo. Ni rastro de yesos.
Sin embargo, entre las arcillas, asomaban unos pequeños cristales de un color rojo sanguíneo. Otros, sin embargo, eran incoloros.
Las lluvias habían lavado las arcillas que los recubrían y quedaban a la vista. Eran pequeños, milimétricos, pero muy numerosos. Eran cristales de Jacinto de Compostela, denominación procedente de la tradición que afirma que eran portados por los peregrinos que seguían la ruta jacobea. También es conocido como cuarzo hematoide, por su color.
Se trata de una variante de cuarzo que suele incluir diminutas partículas de óxido de hierro, lo que les les confiere ese color rojizo característico. Es pues un mineral duro y brillo vítreo. 
Los de aquel ribazo tenían el hábito muy regular. Los que aparecían completos y aislados eran prismas hexagonales bipiramidales. Son de una gran belleza y sencillez.
Me entretuve en agruparlos. Había docenas y docenas en un metro cuadrado. Tanto de los rojos …

como los incoloros …
El Jacinto de Compostela es un mineral que aparece entre las arcillas del Keuper (Triásico Superior). Es de naturaleza sedimentaria pues procede de la disolución y de la precipitación del dióxido de silicio en el seno de fangos depositados en ambientes litorales, procesos que acontecen al mismo tiempo.
Pero observando con detalle en algunos terrenos se encontraban otros cristales entre los sedimentos …
Eran unos cristales más grandes, de varios centímetros. También eran regulares, los más con hábito de romboedro. Tenían el color de la arcillas entre las que aparecían. De hecho no tenían brillo. Entonces pensé que por estar finamente cubiertos por arcilla. En casa ya, tras la limpieza de la superficie de los mismos, vi que no era así. No eran cristales traslúcidos.
Los especialistas me indicaron que podía tratarse de dolomita, un carbonato doble de calcio y magnesio. Este mineral también puede acompañar a los yesos en ambientes evaporíticos. Esto ocurre en el entorno de la ciudad de Teruel, donde hay una variante de dolomita que forma cristales y presenta color negruzco que recibe el nombre de teruelita. No era el caso.
No es muy habitual que el Jacinto de Compostela acompañe a la dolomita. Pero esto sí ocurre en el Keuper de Monteagudo del Castillo. Acercarnos al suelo nos permitirá descubrir otra de las grandes bellezas naturales de estas montañas: los minerales.