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POR LA ARBOLEDA SINGULAR «RIBERA DE CHOPO CABECERO»

UN PASEO DESDE JORCAS A AGUILAR DEL ALFAMBRA

El otoño en las Tierras Altas de Teruel ofrece unos paisajes preciosos. Tan pronto asoman las primeros hielos el follaje de los árboles caducifolios adquiere unos tonos amarillos y rojizos que contrastan con los tonos pajizos o pardos de los campos y montes, o con el verde de pinares y carrascales. Es esta una belleza tan espectacular como efímera, pues en pocas semanas caerán todas las hojas. Una belleza, además, que se complementa con el frescor otoñal, el gris de los cielos y el silencio que ofrecen estos paisajes solitarios.

En las riberas este fenómeno natural se expresa con todo su esplendor. La gama de amarillos de los chopos y sauces es muy rica en matices. Y su frondosidad muy densa. Si, además, estamos hablando de árboles trasmochos, al cromatismo se suma la experiencia del contacto con grandes árboles centenarios, verdaderas esculturas vivas, ricas en huecos, grietas y formas de vida, y con un inconfundible e intenso aroma a humus. Un paseo por estas riberas es una práctica de disfrute. Y también bienestar.

El pasado febrero, el Departamento de Desarrollo Rural y Sostenibilidad declaró arboleda singular de Aragón a la “Ribera de Chopo Cabecero”, un tramo del soto fluvial del río Alfambra (y de su afluente, el Regajo) de los términos de Jorcas, Ababuj y Aguilar del Alfambra.

Por otra parte, el pasado abril el Departamento de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón declaró el Parque Cultural del Chopo Cabecero del Alto Alfambra, que incluye la totalidad de los términos municipales de Gúdar, Allepuz, Cedrillas, El Pobo, Monteagudo del Castillo, Camarillas, Galve y, también, los citados de Jorcas, Ababuj y Aguilar del Alfambra.

En esta excursión se propone descubrir un paseo que recorre la mayor parte de la arboleda singular y un paisaje muy representativo del parque cultural. Un recorrido lineal que une las localidades de Jorcas y Aguilar del Alfambra. 

El recorrido comienza en Jorcas. El patrimonio de este pueblo es una verdadera joya. Antes de comenzar la ruta recomendamos callejear por el pueblo y saborear la arquitectura popular,  tanto en las casas grandes como en las más humildes. El ayuntamiento con su trinquete, la fuente alta, la iglesia, la ermita de San José … Saborear la armonía y el silencio de un pequeño pueblo abrigado del cierzo y dispuesto al solano que ve pasar el tiempo y las aguas del arroyo del Regajo.

El sendero parte del pabellón. Se encuentra en una pequeña calle que es también la entrada de la carretera desde Allepuz y que recibe el nombre de Paseo José Antonio Labordeta. Y es que, las gentes de Jorcas y Labordeta trabaron una larga relación de amistad y de compromiso con las tierras de Teruel durante décadas, pues era un lugar habitual en su ronda de conciertos veraniegos.

La señal indicadora dirige a una senda que sigue el curso del Regajo, un arroyo de caudal modesto y aguas limpias que nace en los altos páramos de Allepuz. Pasa entre diminutos huertos cerrados con muros de piedra tapizados por hiedra. Los chopos van a ser compañeros en nuestros primeros pasos, a veces serán plantaciones de híbridos euroamericanos, aunque en la mayoría de los casos se tratarán de robustos y veteranos ejemplares trasmochos, los conocidos chopos cabeceros.

Dejaremos una balsa a mano izquierda poco antes de cruzar la carretera A-228. Tras ello, se llega a un merendero con una fuente. Es un conjunto muy interesante de sauces y chopos trasmochos. Al poco, el sendero sale del bosque y comienza a atravesar una zona de campos de secano cercados por muros construidos con la técnica de la piedra seca. Jorcas tiene muy buenos ejemplos de esta técnica constructiva tan propia de las regiones montañosas y que ha sido declarada como Bien Catalogado Inmaterial. En el primer campo que queda a la izquierda del camino destaca un chopo de grandes dimensiones. Si el cultivo lo permite, conviene acercarse. Es un verdadero monumento.

El sendero sigue en paralelo a la ribera del Regajo. A nuestra izquierda, preciosos sauces trasmochos, algunos recién podados, marcan el curso del agua. A la derecha, pastizales y bancales de secano en donde afloran una calizas muy ricas en caparazones de bivalvos del Cretácico. Pasaremos junto a un pequeña majada, una preciosidad, con su corral diminuto, con su pajera, con su cubierto construido con las ramas de los chopos cabeceros. Otra joya y muy bien conservada.

En un desvío se toma el camino de la izquierda que acerca a la desembocadura del Regajo en el río Alfambra. En esta zona, la proximidad del freático permite la existencia de unos prados frescos cercados con setos arbolados de enormes chopos y sauces. Es un paisaje que recuerda al bocage atlántico, hoy raro en el Alto Alfambra pero que hasta hace pocas décadas era común por su dedicación al pasto de vacas lecheras. Y era también un valioso ecosistema agrario.

Acompañando al río Alfambra viene el Sendero Fluvial que, en adelante, se unirá a nuestro PR TE-51. En seguida llegaremos a un paraje muy hermoso. El río traza un cerrado meandro que pasa muy cerca del Molino de Ababuj y que concluye en un azud, en el que se forma una pequeña cascada. Se sale a una pista asfaltada para, al poco, descender hacia el cauce por un camino que atraviesa una arboleda de grandes chopos cabeceros.

A mano derecha, algo lejos, se irán viendo las naves de Cereales Teruel. A mano izquierda, queda un meandro abandonado bien delimitado por los viejos árboles que, en su día, acompañaron al antiguo cauce. Poco después se alcanza la desembocadura del río Seco, afluente por la derecha del río Alfambra, que drena los términos de Monteagudo del Castillo, El Pobo y Ababuj.

El río sigue un curso divagante en esta llanura elevada. Los campos de cereal también tienen cerradas de piedra y setos arbustivos con endrineras y vizcoderos. Es el hábitat de numerosas especies de aves y mamíferos que encuentran en estas matas un lugar apropiado para la cría,  pero también alimento en sus frutos durante el largo invierno. La dehesa fluvial de viejos chopos cabeceros se muestra en todo su esplendor.

El río Alfambra es un río vivo y muestra su dinamismo y naturalidad. Islas, playas y deltas. Meandros, rápidos, tablas y cascadas. Y sedimentos. Lo que debe ser.

Llegaremos a un desvío. El sendero PR TE-51 sigue por el camino de la derecha que, tras pasar una zona de huertos con cerradas y un área recreativa, pasa por el molino y la ermita del Santo Cristo, y sale a la carretera que lleva a Aguilar del Alfambra.

 

De nuevo, se recomienda un tranquilo paseo por las calles de este precioso pueblo y ahora saborear el queso de oveja que puede degustarse en el bar-multiservicio.

Puede encontrarse un trazado de este recorrido en este enlace.