ARTESANOS DEL YESO

UNA HORNADA DE PIEDRA DE ALJEZ EN GALVE

Los avances técnicos en la obtención de materiales de construcción que han tenido lugar durante los últimos tiempos han ido arrinconando a un conjunto de saberes tradicionales. La capacidad de producción a escala de la industria incrementó la eficacia y la rentabilidad, haciendo casi desaparecer a las técnicas tradicionales artesanas.

Sin embargo la necesidad de aplicar ciertas técnicas constructivas en la restauración de edificios antiguos o en la construcción de edificios nuevos siguiendo métodos tradicionales (bioconstrucción, por ejemplo) requiere materiales que deben obtenerse siguiendo técnicas artesanas que casi habían desaparecido. Es el caso del yeso.

Jesús Herrero Gascón, además de ser un experto guía paleontológico y un veterano albañil, es -ocasionalmente- un aljecero artesano capaz de preparar la cocida de una carga de piedra de yeso en el horno que tiene en las eras de Galve. Jesús, tras su formación en Albarracín y con la compañía de veteranos aljeceros, ha adquirido una gran experiencia en la aplicación de este material constructivo pero también en la preparación de yeso artesano y recoge encargos de profesionales especialistas.

Jesús estaba preparando el pasado verano una cocida de piedra de yeso en Galve y desde el Parque Cultural del Chopo Cabecero del Alto Alfambra y el Ayuntamiento de Galve se entendió que era una magnífica ocasión para dar a conocer esta actividad artesana -una manifestación de la cultura popular inmaterial- entre el público interesado.

Solo se tenía un par de limitaciones.

Por un lado el cumplimiento de las normas establecidas por las autoridades sanitarias en el marco de la «nueva normalidad». Aunque se trataba de una actividad al aire libre había que evitar la concentración de personas, por lo que su difusión prácticamente no trascendió del ámbito local.

Por otro, para el encendido del horno, había que adaptarse al calendario de permisos que concede el Departamento de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente para realizar fuegos en el campo en días de menor riesgo para la propagación de incendio forestal.

Cartel preparado por la A.C. Dinosaurio de Galve

La piedra de yeso se obtuvo de la partida de la Cerrada Roya, en el término municipal de Galve, en un talud abierto durante la construcción de la carretera A-228 que une Cañada Vellida con Allepuz.

Se podía haber obtenido del paraje de Las Aljeceras, el mejor yacimiento que hay en Galve, pero es muy poco accesible y resultaba difícil extraer el material.

En la parte superior se aprecia una capa delgada de acumulación de arcillas procedentes de la disolución de las sales. En la inferior, aflora la roca madre constituida por piedra de yeso y arcillas.

Al punto de la mañana del pasado 18 de julio, ya en el yacimiento, Jesús explicó el origen geológico de estas rocas. Proceden de sales que precipitaron por la evaporación de mares someros y cerrados, en condiciones de aridez como las que presentan algunas zonas del actual Golfo Pérsico, y de la sedimentación de limos y arcillas transportados por el agua o el viento durante el Keuper, el último periodo del Triásico (Mesozoico o Era Secundaria). Estos yesos y arcillas afloran extensamente en la cordillera Ibérica y fueron tratados en un artículo dedicado al paraje de La Salobreja, un paraje de Monteagudo del Castillo.

Vino al yacimiento Alejandro Abad, un libro viviente, uno de estos sabios que aún nos quedan en los pueblos. El señor Alejandro nos acompañó hace un año y medio en el paseo interpretativo por la riera de Galve en el marco del congreso internacional «Árboles trasmochos, un patrimonio cultural».

Nos explicó que las aljeceras eran antes comunes en los pueblos de la contornada. En Cuevas Labradas, Orrios, Jarque o Villalba l’Alta. Las de Galve se abandonaron allá por los años ’40 (después de la Guerra Civil). En ellas el yeso sale con mucha tierra (arcilla). Son rocas difíciles de picar pues la roca no inflea, no revienta. Las sacaban utilizando explosivos: mecha, pistón y pólvora. Con uno o dos tiros (había que ahorrar) ya era suficiente para sacar piedra para llenar un horno. En uno de los grandes cabían unos de 80 cahíces.

En nuestro caso, una retroexcavadora fue la que picó en la cantera y la que cargó la piedra en el remolque de un tractor. Fue transportada hasta el horno que hace unos años construyeron los hermanos Herrero en una de las eras de Galve que están cerca del cementerio.

Las rocas estaban amontonadas donde las había basculado el remolque. Había de todo, desde gruesos bloques hasta tierra suelta. Todo revuelto. Todo preparado para cargarlo en el horno.

Entre las arcillas rojizas se entreveraban las vetas blancas de yeso

A lo primero había que llevar al horno, bien en la mano bien en carretillo, las piedras más gordas las que formarían la base de la bóveda, las que tendrían que soportar al resto.

Con maestría, Jesús comenzó a colocarlas junto al muro interior del horno, buscándoles la posición para que descansaran bien sobre el suelo y para que encajaran unas con otras …

El espacio que dejaba este primer círculo de piedras sería donde entraría la leña. Sobre esta primera línea se iba colocando la segunda. También de piedras grandes, también encajadas sobre las primeras, pero asomando un poco hacia el interior, para avanzar en la construcción de la bóveda.

Esta es la parte más difícil. Crecer en altura y, al mismo tiempo, ir cerrando el hueco central … ¡sin que se escache!

Antaño, para evitar que esto ocurriese, en ocasiones se empleaban unos arcos de hierro que, apoyados en el suelo, que reforzaban la bóveda. Las de los hornos más grandes eran también los más difíciles de construir.

Al principio se cogían fácilmente las piedras adecuadas de la superficie del montón. Cuando estas escaseaban había que rebuscar y sacarlas con el pico …

Luis Herrero sacando piedras gordas del montón.

Con habilidad y paciencia Jesús iba colocándolas unas sobre otras, unas junto a otras, cerrando poco a poco el techo de la bóveda …

Algunos bloques demasiado gordos había que romperlos con el mallo. A veces no era suficiente el darles con fuerza. Había que buscar la flea, la grieta. O ayudarse con el propalo, el barrón.

José Antonio Sánchez mallando un buen zaborro.

Las piedras que forman la bóveda tendrán que soportar el peso del resto de la carga. Deben ser gordas, para que dejen huecos amplios por los que circule el aire que debe recorrer toda la carga y salir al exterior. Pero deben ser muy compactas, que no sean escarzo (con arcilla), para que cuando comience la cocida no se desmenucen. Por otra parte, como estarán más cerca del fuego, el calor penetrará bien hasta su interior y se deshidratarán completamente.

La bóveda seguía creciendo dejando, en un momento dado, el espacio justo para que Jesús pudiera maniobrar … y salir. Había dos opciones, subir a pulso apoyándose en la propia bóveda o agacharse y gatear hasta la boca del horno.

Y, tras salir, había que colocar la piedra de clave.

La alegría de comprobar que la bóveda está bien hecha

A continuación había que colocar la segunda línea de bóveda, también con piedras gordas, también bien encajadas, para reforzar así la primera. Tras ellas todas las demás, siguiendo el mismo orden, las mayores abajo y las menudas arriba. Siempre facilitando la cocción, siempre favoreciendo el tiro del aire caliente.

Y, tantas manos ayudando, hicieron rebajar el montón hasta quedar solo tierra y pequeñas piedras. El horno no se había llenado, la carga traída era insuficiente. Hacía falta más.

Contentos por colaborar y, sobre todo, por lo bien que lo pasamos y por lo mucho que aprendimos, los participantes nos hicimos una foto. Un recuerdo de una grata jornada.

Tiempo después se extrajo más piedra de aljez, se llevó a la era y se terminó de cargar el horno.

Y llegó el 12 de septiembre. El día del encendido. Mientras tanto se había hecho acopio de leña. Tarugos de ramas de chopos cabeceros …

… espinos arrancados o troncos de pinos muertos. Todo valía.

Y comenzó a arder el horno.

Se trataba de alimentarlo constantemente para conseguir mantener una llama muy viva a fin de alcanzar la temperatura necesaria para deshidratar los cristales de yeso.

Y así estuvo la mañana y la tarde de ese sábado y … la madrugada del domingo, hasta que a las seis, se dio por terminado el proceso. Unas veinte horas al fuego.

Nos contaba Alejandro que cuando se le echaba agua del botijo a las piedras y estas ya no «chispeaban», ya estaban en condiciones de molerlas en la era. Normalmente era necesario un par de días.

Como siempre hay más cosas que hacer, una vez terminada la combustión y enfriada la piedra de aljez ya calcinada, se cubrió con unas chapas metálicas para evitar que se mojara por algún inesperada tormenta.

Fue muy interesante comprobar cómo queda la piedra tras su deshidratación. Mucho más ligera, mucho menos consistente, con los colores más vivos …

Nos lo decía Jesús. La piedra engaña. Parece que en su mayor parte se trata de arcilla con algo de yeso cuando, en realidad, es al revés. Casi todo es yeso.

Una de las dudas que quedaban en el aire era la de si hay que retirar la arcilla que acompaña al yeso como impureza. Nos lo resolvió Andrés Millán, otro artesano especializado en revestimentos continuos de yeso, que nos acompañó durante la primera mañana. Las arcillas que acompañan a los yesos, además de otorgar unas propiedades hidráulicas y plásticas, ofrece también colores naturales cuando finalmente se le aplica aceite.

La piedra de aljez calcinada se desmenuza muy fácilmente desprendiendo fibras, láminas, grumos … que recuerdan a la tiza. Estos se deshacen entre los dedos liberando un polvo blanco: el yeso. La materia de trabajo de los yesaires.

Antaño la piedra de yeso cocida era molida usando unos rulos de forma tronco cónica, algo imperfectos, para provocar un pequeño golpe en su caída. Otras veces los rulos tenían sección cuadrada. Unos u otros, siempre eran tirados por un mulo que podía pasarse casi todo un día para triturar la carga de un horno en una singular trilla.

En la actualidad la molienda utiliza técnicas distintas, más eficientes pero que también recurren a la fuerza motriz del labrador actual: el tractor. Se pasan varias veces la rueda del tractor sobre la piedra calcinada, previamente extendida sobre una superficie de cemento. Son las «actuales eras».

El triturado de yeso obtenido, finalmente, se porgaba en una criba para separar el polvo de las piedrecicas que podían volver a molerse.

Comprobamos entre nuestros dedos las propiedades plásticas de un polvo de yeso obtenido hace cuatro años por Jesús tras humedecerlo con un poco de agua.

En realidad, actualmente, este yeso artesano suele mezclarse por mitad con yeso en polvo de origen industrial.

Finalmente pudimos ver el excelente resultado de su aplicación en la fachada de una casa restaurada hace unos pocos años …

… también por los Hermanos Herrero.

La extracción de los minerales y rocas, su preparación y el uso de sus productos en la construcción siguiendo técnicas artesanas es también un saber popular que forma parte del patrimonio cultural inmaterial de una comunidad.

Las jornadas de obtención de yeso a partir de la roca nos han ofrecido la oportunidad de acercarnos a esta sabiduría que ofrece la experiencia y que no siempre está recogida en los libros.

¡Muchas gracias, Jesús!