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EL LADO OCULTO DEL RÍO ALFAMBRA

LAURA NAJES PÉREZ

1. Introducción.

El episodio de gota fría del mes de octubre de 2018 dejó una importante acumulación de precipitaciones en el área mediterránea española. La borrasca también se extendió hacia el interior de la península alcanzando a la provincia de Teruel donde las cantidades de lluvia recogidas fueron importantes, superando en su amplia mayoría los 100 l/m2.

Esta acumulación de agua en unas horas ocasionó el desbordamiento de numerosos ríos de la provincia, incluido el río Alfambra.

2. Caracterización del Río Alfambra.

El Río Alfambra nace en las laderas de Peñarroya (2019 m) y termina su itinerario en la localidad de Teruel donde en su confluencia con el río Guadalaviar dan nacimiento al Río Turia (figura 1). Su cuenca vertiente es de 1396 km2 y en su itinerario experimenta un cambio de orientación en la zona de Galve describiendo un giro de unos 300º, pasando de una dirección SSE-NNW en su tramo alto a una NNE-SSW en su tramo bajo (Sánchez-Fabre, 1993). Este cambio de orientación determina el destino de sus aguas, haciendo que finalmente acaben en el Mar Mediterráneo.

Figura 1. Mapa de localización del río Alfambra y sus afluentes. Elaboración propia.

El origen del nombre Alfambra proviene del árabe Río Rojo, algo relacionado con el color rojizo que adquiere cuando lleva material en suspensión. Algo normal, teniendo en cuenta la gran cantidad de terreno con arcillas rojas que tiene que atravesar en su camino. Precisamente, es en estas áreas con materiales blandos donde el río cuenta con amplias llanuras de inundación, término que se abordará más adelante. En otras áreas donde hay materiales calizos, el río aparece encajado dando lugar a cañones y gargantas como ocurre en zonas de las localidades de Aguilar, Camarillas, Galve y Villlalba Alta.

Los datos de caudal del río se miden en dos estaciones de aforo, pertenecientes a la Confederación Hidrográfica del Júcar. La primera de ellas se sitúa en la localidad de Villalba Alta, recogiendo los datos del tramo superior de la cuenca, en torno a unos 478 km2 (Sánchez-Fabre, 1993). La segunda estación se halla en Teruel, un poco antes de su confluencia con el Guadalaviar.

3. Dinámica fluvial.

Los ríos son un ente dinámico, que presenta variaciones de caudal a lo largo de las distintas estaciones. En el caso del Alfambra son muy comunes los estiajes en el verano, como ocurre en la mayoría de los cursos mediterráneos. Pero así como todo río tiene asociados periodos de estiaje también tiene episodios de crecida propios de la dinámica natural de los mismos. Esto es muy claro en ríos más caudalosos como el Ebro, donde es común la existencia de grandes avenidas. Como apuntan Doménech et al. (2008) estas crecidas son necesarias para el correcto funcionamiento de la dinámica fluvial y de sus ecosistemas asociados.

Los sistemas fluviales cuentan con llanuras de inundación, que ejercen una función de auto-regulación (Ollero et al., 2009). Se trata de zonas llanas situadas junto al río, que se inundan de forma recurrente, disipando la energía del río y aportando componentes beneficiosos para la tierra (Sánchez Fabre et al., 2015). Estas áreas habitualmente están ocupadas por bancales, dada su baja pendiente y su mayor fertilidad.  Esto se puede ver en El Sargal de Aguilar, una de las áreas anegadas durante la inundación del otoño y que tradicionalmente ha sido una zona de regadío.

La dinámica fluvial genera procesos de erosión y sedimentación, así como variaciones en el nivel freático. Estos procesos desencadenan cambios en el medio y en las comunidades asociadas al mismo. Es por ello que la vegetación de ribera guarda una estrecha relación con el río, distribuida en función de sus necesidades hídricas. Del mismo modo ante eventos de crecida contribuye a disipar la energía (Najes, 2017). También es importante la labor que ejercen desde el punto de vista biológico como corredores naturales.

4. Crecida de octubre de 2018.

Para conocer la evolución de la crecida, se ha realizado un hidrograma (figura 2) a partir de los datos obtenidos de la página web de la Confederación Hidrográfica del Júcar en las estaciones de aforo de Villalba Alta y Teruel. Los hidrogramas son representaciones gráficas que relacionan la evolución de los caudales en función del tiempo en una sección de un curso de agua (Manning, 1997).

Como se puede ver en la figura 2, hasta el día 18 de octubre el río contaba con unos valores de caudal muy bajos (de 0,208 m3/s en Villalba y de 0,178 m3/s en Teruel). Fue con el comienzo de las precipitaciones del día 18 cuando el río empezó a experimentar un incremento de caudal. Se ve como en el caso de Villalba Alta el ascenso es muy acusado, aumentando el caudal hasta alcanzarse el pico de la crecida el día 20 con un caudal de 44,49 m3/s. En Teruel, sin embargo, se puede ver que la crecida es más paulatina y el pico de la crecida se produce el día 21 de octubre con un caudal inferior (25,06 m3/s) al alcanzado en la estación aforo de Villalba Alta.

Figura 2. Hidrograma de la crecida de octubre de 2018 del río Alfambra a partir de los datos de caudales medios diarios en los aforos de Villalba Alta y Teruel. Fuente: Confederación Hidrográfica del Júcar. Elaboración propia.

5. Efectos de la crecida de 2018 a su paso por Aguilar del Alfambra.

En Aguilar el pico de la crecida se produjo el día 19 de octubre. Al día siguiente cuando el nivel del río había bajado se pudieron observar algunos de sus efectos, dejando ver estampas inusuales. En las inmediaciones del río estos efectos fueron más notables, dejando anegadas áreas de su llanura de inundación (figura 3 A). Aunque no existen datos del caudal alcanzado en Aguilar, los restos de ramas y hojas en algunos obstáculos evidencian el nivel alcanzado por el río el día anterior (figura 3 B).

Figura 3. A) Campos de cultivo anegados en El Sargal.
Figura 3.B) Vegetación flexionada y restos de hojas retenidos junto al panel informativo en el paraje El Estrecho.

Fotos tomadas el 20/10/2018 por Laura Najes Pérez.

El río transportó gran cantidad de materiales. Muestra de ello son las barras sedimentarias (depósitos de sedimentos de forma más o menos alargada) de arenas que se formaron junto al río (figura 4 A). Aparte el río transportó restos de madera, incluidos troncos de grandes dimensiones  (figura 4 B). 

Figura 4. A) Barra sedimentaria formada junto al río en el área de El Estrecho
4. B) Tronco arrastrado por la corriente frenado por el puente de La Palanca

Fotos tomadas el 20/10/2018 por Laura Najes Pérez.

La acción erosiva de este episodio se pudo ver también en las proximidades del río donde se  socavaron caminos o se removilizaron materiales de bancales cercanos al mismo. Pero este efecto todavía fue más notable en algunas zonas con paso de rambla, a los que se suma la roturación de prados, los cuales ejercen una labor fundamental contra la erosión (figura 5).

Figura 5. Canales erosivos generados en un antiguo prado roturado en el Ruidero.  Fotos tomadas el 21/10/2018 por Laura Najes Pérez.

6. Conclusiones.

El río Alfambra seco y con únicamente alguna poza de agua al verano es una imagen que todo el mundo tenemos presente. Sin embargo, la crecida de octubre de 2018 nos ha mostrado el lado más oculto de este río. Ambos extremos, como ya se ha comentado anteriormente, forman parte de la dinámica de cualquier río.

Las crecidas conllevan asociados efectos sobre las actividades humanas, pero son esenciales desde el punto de vista ecológico y para un adecuado funcionamiento del sistema fluvial. Lo importante reside en saber compatibilizarlos y dejar al río el espacio que demanda.

7. Bibliografía.

Doménech Zueco, S., Ollero Ojeda, A. y Sánchez Fabre, M. (2008). Núcleos de población de riesgo de inundación fluvial en Aragón: diagnóstico y evaluación para la ordenación del territorio. Geographicalia, 54, 17-44.

Manning, J.C. (1997). Applied principles of hydrology. New Jersey, Prentice Hall, 276 p.

Najes Pérez, L. (2017). Estudio de la hidrogeomorfología y de la vegetación en la Reserva Natural Dirigida de los Sotos y Galachos del Ebro. TFM: Universidad de Zaragoza.

Ollero Ojeda, A., Ibisate González de Matauco, A. y Elso Huarte, J. (2009). El territorio fluvial y sus dificultades de aplicación. Geographicalia, 56, 37-62.

Sánchez Fabre, M. (1993). Aportación al estudio hidrológico del río Alfambra (provincia de Teruel). Geographicalia, 30, 347-360.

Sánchez Fabre, M., Ballarín Ferrer, D., Mora Mur, D., Ollero Ojeda, A., Serrano Notivoli, R. y Saz Sánchez, M.A. (2015). Las crecidas del Ebro medio en el comienzo del siglo XXI. En: Análisis espacial y representación gráfica: innovación y aplicación (J. de la Riva, P. Ibarra, R. Montorio y M. Rodrigues, eds.). Universidad de Zaragoza-AGE, 1853-1862.