LOS CABALLOS DE LA PEÑA LAS DIEZ

PRESENTACIÓN DEL LIBRO. DOMINGO 8 DE OCTUBRE EN MONTEAGUDO DEL CASTILLO

Hoy quiero daros a conocer un poco más la belleza de las montañas que rodean a Monteagudo del Castillo. Ellas dan cauce a las aguas por barrancos y ríos desde los pueblos que nos rodean: Gúdar, Allepuz, Jorcas, Aguilar del Alfambra, Galve, Camarillas, Ababuj, El Pobo y Cedrillas, que enmarcan un paisaje y un paisanaje sinigual. Hoy gracias a las iniciativas del Parque del Chopo Cabecero del Alto Alfambra todo este paisaje cobra una vida casi olvidada.

La belleza de las montañas fue el motivo por el cual surge en mí la idea de darlas a conocer a través de un libro, con pocas fotos, pero con lo que yo considero una bonita historia que une y agrupa a todos estos pueblos.

Cuando llegamos a este mundo, somos un poquito de cada uno de nuestros antepasados, pero el presente nos hace únicos.

Esta es la imagen y la frase que adorna la contraportada de mi último libro.

¿Por qué un libro con el título «Los caballos de la Peña las Diez»? La respuesta es sencilla. Monteagudo del Castillo está ligado a la existencia de caballos en la antigüedad. En torno a ellos he construido mi historia. Y también porque me fascinó la lectura de la leyenda de la creación del caballo.

Ella dice así:

Cuando los dioses estaban realizando su creación, quisieron crear el animal más perfecto de todos. Le dotaron de más belleza que a ningún otro, de una crin y un rabo con melena que ondease al viento, del ritmo en el trote, de velocidad en el galope y de músculos fuertes. Cuando lo hubieron terminado de modelar, ordenaron al viento que le diese aliento, porque los caballos están hechos de muchas cosas, entre ellas de viento. Pero, es más, le dotaron de nobleza, de entrega y sacrificio.

Un día se dieron cuenta que la unión de tantas maravillas en un solo animal era como un prodigio, pero que ninguno del resto de animales creados valoraría. Y aquí es donde los dioses decidieron crear un ser capaz de valorar y comprender las maravillas del caballo, y crearon al hombre, para que juntos disfrutaran del resto de la creación.

Esta leyenda se cuenta de generación en generación en aquellos pueblos que viven y aman el caballo.

En mi presentación en el libro digo:

Esta novela o relato, está cargada/o de la inocencia de un niño. Trata de mostrar el mundo que le rodea, con todas sus bellezas: el paisaje, la fraternidad de sus gentes y los contenidos y vivencias expresados a lo largo de todo el relato. La vida en torno a las montañas en un mundo lleno de caballos genera historias, en muchos casos bonitas, en otros duras. En medio de este paisaje y su paisanaje, la imaginación vuela.

Trata de relacionar un mundo libre y unido, con otro de niñas hechas prisioneras por fuerzas que prefieren un mundo sometido. La fuerza y poder que se puede conseguir cuando todos trabajan por un mismo objetivo.

Las montañas poseídas por los dioses son el reflejo de lo divino en medio del más humano de los mundos. Allí donde lo pequeño se hace grande y a lo grande no siempre se le da importancia.

Por supuesto, los personajes son inventados, o copiados de otras historias leídas por el autor. El terreno, sus montañas, los poblados íberos; algunos son reales, otros imaginarios. Todos los nombres de los asentamientos de familias íberas son inventados y siempre tratando de enlazarlos con los nombres de las actuales partidas que forman el término de Monteagudo del Castillo.

Así como el nombre de las distintas agrupaciones familiares que se distribuyen a lo largo de los valles que forman los ríos que parten de estas montañas y que hoy, son pueblos que nos siguen rodeando, formando juntamente con Monteagudo un encuadre singular, de una naturaleza humana muy, muy especial.

Al parecer es cierto que Escipión pronunció aquello de que las yeguas íberas las preñaba el viento y que eran capaces de subir por las montañas más escabrosas porque flexionaban sus patas delanteras. Nadie ha dicho o escrito donde dijo la famosa frase, así que ¿por qué no pensar que fue en estas montañas? El autor ha imaginado que sí, que ocurrió aquí y con esta novela puede que alguien más lo crea.

He enlazado frases que están en cursiva, no son mías, pero me han parecido muy apropiadas por lo que dicen de sí mismas. Ellas, y muchas otras cosas que salen en el libro forman parte de la riqueza humana que se ha ido formando a la largo de los siglos. ¡Son una joya! Igual que la tierra donde se describe la historia, por eso, he creído conveniente que estén unidas.

No me corresponde a mi ensalzar el contenido del libro y su forma, solo he pretendido ensalzar aquello que amo. Espero haber acertado, aunque solo sea un poquito.

Querido lector, te animo a que llegues al final y reflexiones sobre cuánto hay de mentira y cuánto de verdad; cuánto de fantasía y cuánto de esa fantasía te gustaría que fuese verdad.

¿Qué puedo comentar del libro?

El libro, en su introducción, trata de dar a conocer como era la época (principio de los años ’60 del siglo pasado) en la cual yo descubrí lo que fue para mí el misterio de la peña las Diez. En este capítulo, que es real, soy, creo, que muy detallista en la descripción de todo. Si soy detallista, es porque quiero adentrar al lector en un mundo que hoy no existe, como preludio para entrar en otro mundo que tal vez existió, o tal vez no.

No voy a descubrir aquí nada del contenido del libro, ni como entro, o como salgo a ese mundo histórico, o imaginario en torno a los caballos, de los iberos, de los romanos, de la sabiduría del druida Katelo, el valor del número tres, del nueve, del ochenta y uno, o la fuerza del Círculo y todo lo que representa. Sin embargo, de este capítulo sí quiero leeros unas pequeñas frases.

 Estamos hablando del capítulo del Círculo, y  Monteagudo del Castillo tiene su propio círculo.

 Dice así:

En la noche ya cerrada, se paró el baile y cada uno ocupó el espacio que sus pies pisaban para relajarse, tumbarse y dormir. Cada uno en su circunferencia y con los pies en dirección al centro del círculo. Era como ver los pétalos de una flor, llena de colorido y con cuatro circunferencias de pétalos, signo de belleza, signo del renacer de unos cuerpos tendidos en ese suelo que un día a todos cubrirá y que ahora es sustento de tanta armonía. Los dioses son generosos y en esta fiesta también participan las estrellas. Desde la posición de tumbado, mirando al cielo, cada uno busca la suya; en ella se recrea la mente y ausente del presente, se hace protagonista triunfador de sus sueños.

Hasta aquí la cita.

¡Ojalá, cada uno, sea protagonista triunfador de sus sueños!

Tampoco hablaré de las montañas, de los valles, de los poblados, de familias, aunque alguien se ría al leer quién era la Garrituerta.

¡No!, tampoco hablaré de los dioses que crearon las montañas y valles. Menos lo haré de los dioses que las poseyeron, o de cómo nació la Piedra las Diez y su significado en la época que describo.

Ni mucho menos hablaré de quién era el abuelo Gerón, y la bonita historia que cuentan de él hasta llegar a estas montañas, como se ahijó a la potrilla Luna, para rescatar a su amada Ketina.

Tampoco hablaré de Publio Cornelio Escipión Emiliano, su proyecto para estas montañas, su histórico legado, pero sobre todo de aquella frase de que “las yeguas íberas las preñaba el viento y que eran capaces de subir por las montañas más escabrosas”. Hoy me gustaría que quedaran para siempre asociadas a estas montañas.

En esta historia que se relata en el libro cobran vida, poblados iberos y romanos, reales e imaginarios. Cobran vida el horno de aljez, el refugio del castillo, los restos de huesos de equinos de las Callejuelas. Cobra vida la Majada Redonda. Esta historia está situada, entre los cimientos de Tarraco y el esplendor de Cartago. Los íberos, los romanos, los cartagineses y el comerciante de caballos Baspedas.

El libro termina con esta frase que es la ilustración de la portada.

Muchas son las cosas que reviven en mi mente, pero lo que más destaca, es esa foto fija del caballo color negro, con su melena larga, cargado de poderío; ese que la fama le dio el nombre de Viento, exhibiéndose como dueño desde lo alto de las rocas de la Peña las Diez a todo el valle.

 Y si queréis saber más, el día 8 de octubre a las 12 horas en el salón del Ayuntamiento de Monteagudo del Castillo podréis disfrutar en vuestras manos todo el contenido de la historia. 

¡Quedáis invitados!

Eliseo Guillén Daudén (Monteagudo del Castillo)