DE AGUILAR A GALVE (y II)

EL GR 199 POR LOS ESTRECHOS DEL ALFAMBRA

En el artículo anterior se describió el tramo del GR 199 Ruta de los Chopos Cabecero del Alfambra comprendido entre Aguilar y el molino de Barberán, ya en término de Camarillas. A lo largo del mismo, se visitó el paraje del Remolinar, el estrecho y el mirador de la Virgen de la Peña, el valle de Cañaseca, y las respectivas hoces abiertas por el río hasta llegar al meandro encajado que se abre en el entorno del molino. En el presente, se continúa dicho sendero a lo largo de nuevos cañones y hoces hasta que sale por los Ríos Altos a la Riera de Galve, donde termina en el núcleo urbano.

La ruta retoma a la anterior en el molino de Barberán y sigue el curso del río a través de unos prados cubiertos por chopos cabeceros.

Asciende entre un bosquete de pino gargallo y vuelve a bajar al cauce. Allí el río traza una curva y se interna en un profundo e inaccesible estrecho -salvo cuando se seca el río- donde desemboca el río Penilla (o Camerón), tras pasar por el paraje de Las Calderetas. Se trata de un conjunto de pequeñas cascadas y de pilancones formados por este afluente cuando ya se precipita sobre el Alfambra. Antes de entrar en el meandro, hay una poza que también invita al baño cuando llegan los primeros calores y el río aún no acusa el estiaje.

Para evitar el estrecho, el sendero asciende decidido por una ladera entre pinos y pastos. Cuando el caudal del río Penilla es generoso, se escucha el sonido del agua en su caída desde Las Calderetas. Se dispone aquí de una buena perspectiva de este sector del valle. Un paisaje formado por roquedos, matorral rupícola, prados secos salpicados de pinos, densos pinares de repoblación y una ribera de frondosos chopos. Un mosaico.

Al terminar el ascenso, el sendero se asoma al estrecho. Las pareces calizas son verticales hasta el mismo río.

La senda va en paralelo al acantilado.

Las calizas muestran suaves relieves. En aquellas planicies menos erosionadas prospera un airosa y laxa pradera de cerrillo (Stipa pennata) que luce espléndida sus plumosas y plateadas espigas a primeros de junio.

Algo más adelante, se disfruta de una bonita panorámica de este tramo del estrecho. Con discreción y mucha suerte, en ocasiones, puede verse a la nutria afanosa en sus trajines, recorriendo las gravas y nadando en las pozas.

El río traza una nueva curva y se interna dentro de una serie de meandros encajados en las calizas masivas. El gris de las peñas se pinta del verde oscuro de una mata.

Estas paredes verticales son el hábitat de la sabina negral (Juniperus phoenicea). Esta pequeña mata es un ejemplo de adaptación a las extremas condiciones que ofrecen estos difíciles sustratos rocosos en un, ya de por sí, difícil clima mediterráneo de montaña.

El crecimiento de esta especie es muy lento, como no puede ser de otra forma. Algunas sabinas que han sido estudiadas en la sierra de Guara muestran ritmos de crecimiento y longevidades increíbles. A un tronco excéntrico de 13 cm le correspondió una edad de 1200 años, según dataciones con carbono 14. Y es que en los árboles y arbustos no siempre hay correspondencia entre diámetro y edad, como bien explica este artículo. El naturalista Miguel Ortega lleva años estudiando el fascinante crecimiento de la sabina negral en el Altoaragón explicando la singular ramificación y la estrategia que siguen las ramas para evitar sombrearse. Tras la recomendable lectura de estos artículos cambia absolutamente la visión que se tiene de esta discreta mata. Y, por qué no, de estos precipicios, el escenario de sus difíciles vidas.

Para evitar dos profundas hoces el sendero asciende por una ladera poblada de villomeras, enebros y salvias …

… y se asoma a una nueva hoz situada bajo la Peña la Asnada. Sobrecoge el paisaje.

Foto: Eduardo Viñuales

Al llegar a este mirador natural se ruega encarecidamente la máxima prudencia y el máximo silencio.

Prudencia pues la senda recorre un tramo de unos 300 m de longitud por una ladera muy inclinada que tiene unos 40 m. de caída. Hay que poner la máxima atención al recorrer este tramo, especialmente si se tiene poca experiencia montañera o si se va acompañado de niños.

Silencio a nuestro paso pues, en ocasiones, los buitres y las cabras monteses descansan sobre los peñascos. Evitar molestias es muy importante. El premio es una vivencia mucho más intensa de este paisaje tan espectacular y, además, la posibilidad de observar mucho mejor a la vida silvestre.

La notable pendiente no favorece la infiltración del agua de las precipitaciones y sí la erosión de la ladera. La orientación en umbría reduce la evaporación y permite el desarrollo de una pradera formada por plantas delicadas adaptadas a terrenos poco soleados y a suelos inestables y nitrificados. Es el caso del geranio lúcido (Geranium lucidum).

La Peña la Asnada es un monte muy conocido entre los vecinos de Camarillas a pesar de encontrarse a notable distancia del núcleo urbano. Lo es por que a pesar de ello y de encontrarse en plenas hoces, su cima es visible desde buena parte del término. Lo es por su espectacularidad, pues tiene un acantilado que, desde la punta, presenta una caída de 120 m.

Y lo es también por tener su propia leyenda. Una leyenda trágica, como lo son muchas de las leyendas aragonesas. Anotamos la versión que recogimos de Pedro Cirugeda:

Un pastor subió con su burro a la Peña la Asnada con la intención de escarzar el nido de águilas que allí criaban. Dejó el burro en lo alto del peñasco comiendo hierbas. Se ató con el cabo de una soga a la cintura y, como no había ninguna mata, ató el otro cabo al burro. Comenzó entonces a descolgarse. El peso del pastor hizo que acabase arrastrando al burro, cayendo los dos al fondo del precipicio. Los dos se mataron.

Al tardar en volver a casa el pastor, su mujer empezó a preocuparse. Sabedora ella de la intención de su marido, se acercó a la Peña. Al asomarse por el acantilado observó consternada que tanto su marido como el burro yacían muertos en el fondo de la hoz. De pura rabia le dio un puntapié a la albarda que allí encontró mientras decía:

– «La Peña la Asnada, donde va el burro, va la albarda«

… con tan mala suerte que ésta se le enreligó entre sus sayas y fue arrastrada por la misma en su caída por el precipicio.

Debajo de la peña, junto al río hay tres montones de piedras. Se dice en Camarillas que es en recuerdo de este hecho. Y por eso se conserva ese dicho.

Al pie del peñasco hay una serie de abrigos naturales en los que, en caso de lluvia, el excursionista puede refugiarse. Conforme la senda termina de atravesar la ladera, se va estrechando y descendiendo para acercarse a un saliente rocoso. Hay que extremar la prudencia y la atención todavía más.

Resultan entonces muy evidentes dos estructuras tectónicas. A la izquierda un pliegue de tipo sinclinal que forma parte de un bloque sobre el que descansa otro bloque no plegado. El conjunto forma una falla inversa. Uno y otra se produjeron a lo largo de la orogenia Alpina, cuando se levantó este sector de la cordillera Ibérica.

Una mirada atrás ofrece una espectacular panorámica de los cantiles y del sendero …

… pero también del bosque de ribera, la kilométrica y continua arboleda de chopos cabeceros que conecta Allepuz con Galve y que justifica, entre otros valores, la declaración del Parque Cultural del Chopo Cabecero del Alto Alfambra. Estos árboles son propios de los espacios agrícolas, siempre cerca de los bancales y de las vegas profundas con abundancia de sedimentos. Ni una ni otra circunstancia se dan en estas hoces. Esto demuestra la enorme vigencia de la cultura de los álamos negros trasmochos en el Alto Alfambra.

El sendero deja a mano derecha un pitón rocoso …

Foto: Eduardo Viñuales

… y se asoma a otro meandro del río. El valle se abre.

Comienza el descenso por una inclinada y quebrada ladera. El senderista cuenta con la ayuda de sirgas para resolver los pasos más comprometidos. Pero no ofrece gran dificultad. Deja los peñascos y pasa por un matorral de villomeras, enebros y gayuberas y finaliza atravesando una plantación de pinos gargallos (negral o laricio de Austria) …

… hasta alcanzar la orilla del río.

Volvemos a él y no lo abandonaremos ya hasta Galve.

El GR 199 pasa por la orilla de un amplio bancal y bajo las ramas de unos soberbios chopos cabeceros que jalonan la orilla del río. Algunos, son verdaderos monumentos vivos.

Foto: Eduardo Viñuales

Los materiales que afloran en la ladera de la margen izquierda son más blandos lo que permite que el relieve sea más suave. También aumenta la retención de agua en el suelo y, por tanto, el desarrollo de un matorral de villomeras y enebros que se beneficia, además, de la menor insolación que ofrece la umbría. Es un tapiz continuo que crea y protege el suelo mientras diversifica los ambientes naturales de la zona.

Las posibilidades para los aficionados a la fotografía, en especial a los fotógrafos de naturaleza, son enormes.

Como para los aficionados al vídeo …

Foto: Eduardo Viñuales

Las tablillas del coto de caza nos informan que dejamos el término municipal de Camarillas y entramos en el de Galve.

Durante el estiaje, cuando el río se seca, se aprecia muy bien el lecho del río. Se observa entonces cómo las arcillas violáceas del Cretácico Inferior (facies Weald ), tan comunes en la cabecera del valle, tras su erosión y transporte se depositan tapizando los cantos y las gravas, e incluso llegan a formar pequeñas playas.

La senda pasa entonces por una ladera descarnada y entra en un prado que deja a su derecha a una pared de piedra seca y a un bancal cultivado …

Para evitar el campo el GR 199 se arrima al monte cruzando un matorral y continúa acompañando a nuevos muros de piedras. Al girarnos, despedimos a la Peña la Asnada, tan altiva.

Se llega a la desembocadura de un pequeño barranco por el que baja un camino. Allí hay vado. El camino viene de la Masía de la Abeja. Una señal indica que puede tomarse el PR-TE 51, bien para volver hacia el Molino de Barberán, bien para llegar a Galve evitando los estrechos de los Ríos Altos. Este arroyo estacional esta cubierto de una frondosa arboleda de álamos canos.

Junto al sendero, a mano izquierda, puede verse una pequeña chimenea de hadas formada por un bloque de arenisca que protege y es soportado por unas margas. Cruzamos el arroyo y seguimos al río en su curso continuando por su margen izquierda. Un estrecho bancal se abre entre el sendero y el río …

… que es sombreado por unos soberbios ejemplares de chopo cabecero …

Cuando avanza la primavera y el viento disemina sus frutos, se forman sobre los prados unas alfombras algodonosas.

Estas semillas no tendrán posibilidades de germinar. Sin embargo, cuando caen sobre las despejadas playas de limos y arenas que se han formado tras los habituales episodios de aguas altas del final de esta época, tendrán la ocasión de hacerlo produciéndose entonces la diseminación natural.

Por la margen derecha se levanta el extenso y alargado cabezo del Cucón. Un mole caliza en la que las aguas de escorrentía han abierto con dificultad varias barranqueras que vierten hacia el inmediato río. Una de ellas es el barranco del Coscojo. Casi puede considerarse un torrente. Su desembocadura en el río forma un verdadero cono de deyección. Se aprecia gran diferencia entre los sedimentos fluviales, redondeados y tapizados de arcillas y los aluviales, angulosos y blanquecinos.

El río encuentra un roquedo en la margen izquierda. El sendero debe evitar este paso con la ayuda de pisas y de una sirga metálica, además de una pasadera colgada sobre el cauce.

El río deposita su acarreo en esta zona en la que reduce su velocidad. Y sortea los depósitos de gravas trazando curvas y creando brazos. Las pequeñas sargas (Salix purpurea) resisten el embate del agua durante las avenidas y sobrellevan estos sustratos inestables, aunque seguros en agua. Esta imagen refleja muy bien la idea del Alfambra, como río-rambla.

Los bancales se hacen cada vez más frecuentes en la margen derecha del río. En la margen izquierda destaca otro formidable chopo cabecero. Otro más.

El río se aproxima al roquedo. En la caliza se ha creado un arco natural.

Y, en la orilla contraria, se levanta un bloque con forma de monolito, otra singular forma de relieve …

El río se da de frente con un gran bloque calizo que le obliga a desviarse hacia el norte trazando un abierto meandro sobre sus propios sedimentos. Por su margen derecha se abre un valle que desciende desde el monte. Es el barranco del Aljecero. En la parte baja de la ladera destacan unas arcillas violáceas muy ricas en yesos. Son rocas sedimentarias formadas al final del Triásico. Si el caudal lo permite y si sobra el tiempo es interesante vadear recorrer esa ladera para localizar las canteras (aljeceras) y los hornos ruinosos de cocer la piedra de yeso. Sobre estas rocas descansan potentes paquetes de calizas que muestran una sucesión de estratos del Jurásico Medio y Superior.

El GR 199 pasa entre las peñas en un entorno umbroso poblado de prados, espinos y álamos canos.

El sendero asciende para evitar un peñasco.

Desde lo alto se observa muy bien el barranco del Aljecero y la desembocadura del mismo en un tramo del río en el que hay una pequeña alameda.

El sendero comienza a bajar bruscamente al río. Es necesario agarrarse a las sirgas. El ambiente aún es más umbrío. Umbrío y fresco. Los suelos arcillosos, removidos por las sucesivas crecidas y húmedos favorecen a la uña de caballo (Tussilago farfara) que forma densas praderas de hojas grandes …

… y en la paredes viejas hiedras tapizan el peñasco.

Unos tablones y una sirga ayudan a pasar por unos salientes. Y un poco más adelante hay que cruzar el río.

Construir un puente en estos inaccesibles y remotos estrechos no es nada sencillo pues es una tarea durísima portear los materiales, que tienen que cargarse al hombro. Que el puente tenga continuidad en el tiempo aún lo es más, pues en este tramo el río se encañona y las aguas alcanzan gran velocidad (y energía) durante las avenidas. Tradicionalmente, las gentes del terreno han resuelto estas necesidades construyendo palancas con troncos del entorno, uniéndolos entre sí mediante sirgas o cuerdas. Uno de sus extremos se ataba a algún árbol próximo. Ante una crecida se soltaba el otro. La palanca era agitada por la corriente pero no arrastrada. Cuando las aguas volvían a su cauce, se reponía la palanca y hasta la siguiente gran crecida. A esto se llama adaptación al medio.

Esta es la solución que se ha seguido para superar este paso.

Una tormenta local (cerca de 100 litros/m2 en pocas horas) y la consecuente avenida que se produjeron en este paraje el pasado agosto rompió la palanca. Los restos permanecen en la zona. Tan pronto se pueda, se volverá a reponer dándole un poco más de altura para intentar conseguir una mayor durabilidad. Pero aún así, no hay garantías. La naturaleza tiene sus propias leyes.

Mientras tanto y en situaciones similares, una opción es descalzarse, cruzar el río y volver a calzarse para continuar ya por la margen derecha. Si no se quiere hacer y se desea continuar hasta Galve habrá que salir de los estrechos volviendo hasta el desvío hacia la Masía de la Abeja y tomar el PR-TE 51.

Al pasar a la otra orilla, ya en solana, se dispone de la umbría del Cabezo Ballestero, en la que se levanta una punta caliza ….

y en cuyas laderas prospera un cerrado matorral de villomera …

El sendero se va estrechando conforme el río se arrima al roquedo. Se trata de una sucesión de estratos calizos …

Las cabras monteses trepan ágiles sobre estos estratos horizontales, como por una escalera.

En estos estrechos, si se escucha a las cabras, hay que poner atención a las piedras que pueden desprenderse.

La erosión de estas paredes dibuja unas formas que resultan de lo más sugerentes …

Entramos en otro estrecho que hay que resolver mediante varias series de tablones, pisas y sirgas …

En la margen izquierda del río prospera un frondoso bosque de ribera.

La senda sale del estrecho y se acerca a un abrigo ancho y alto que se ha formado en la roca. Viejos chopos filtran la escasa luz que entra al fondo del valle. Algunos de tan viejos, de tan olvidados, se vienen abajo. Y continúa el largo proceso de descomposición de la madera muerta, ahora ya en el suelo, que mantiene ocupado a una compleja comunidad de insectos especializados. Aún muertos, estos árboles son verdaderas «arcas de Noé«.

El GR 199 sale a un sector del valle más ancho. Es la partida de las Rochas Altas. En el habla del Alto Alfambra una rocha es una ladera inclinada. Una costera, vamos. Esta imagen tomada desde la vertiente derecha del valle explica muy bien el topónimo.

Umbría del Cabezo Ballestero

En la margen derecha, los relieves son igualmente muy acusados. En 400 m se resuelven pendientes de 150 m. Un paraje muy agreste.

Por remotos que parezcan, a todos los rincones llegaban las gentes de antes para aprovechar los recursos naturales. En la margen derecha del sendero pueden verse unas paredes de piedra seca levantadas para mantener una senda que bajaría del monte, posiblemente desde la loma de Argente.

El sendero sigue por la margen derecha. Cruza la desembocadura de un pequeño torrente, En invierno, cuando los árboles carecen de hojas, entre las ramas desnudas se filtran unas líneas sinuosas en los peñascos de la margen izquierda. Son estratos deformados, series de pliegues.

Si el río lleva poco caudal y por donde se pueda, pues los arbustos rodean el cauce, se recomienda pasar a la otra orilla para disfrutar de un espectáculo natural. No hace falta ser geólogo. Se ofrecen unas muestras:

Y cuando ya piensas que no te puedes sorprender más, coges perspectiva y tienes una visión que es pura sicodelia …

Impresionante esta densa serie de pliegues.

Al final del invierno, estas umbrías cobijan a plantas delicadas que requieren ambientes sombríos y frescos, como la campanilla de invierno (Galanthus nivalis), que es más común en los altos de la sierra de Gúdar pero que también se encuentra en los estrechos de Galve.

Nuevas pisas y tablones permiten superar los nuevos estrechos …

Tras resolver el último … ¡el río sale a la vega de Galve!

Este paraje es conocido como los Ríos Altos. Y es muy querido. El estiaje del Alfambra es habitual. Cuando tras varios meses de sequía y de río seco llegan las lluvias de otoño y la corriente de agua vuelve a los Ríos Altos es una alegría para todo el pueblo. Vuelve el río. Y los vecinos acuden a verlo.

En las paredes del último estrecho pueden verse la roca tallada. Allí se encajaban tablones para acumular agua y derivarla por un azud para regar la vega de la margen derecha. Se conoce como El Pantano.

Al salir el agua de los estrechos encuentra una gran poza que, cuando se llena y el agua no se enturbia, ofrece una magnífica piscina natural …

la escollera de la margen derecha protege la acequia con la que se riega la vega

Tras permanecer seco semanas o meses y volver las lluvias, el río en su avance va lentamente va empapando las gravas y los cantos que forman el sustrato del fondo del valle el cual funciona como un embalse subterráneo. Conforme las gravas se van empapando, el río sigue avanzando hasta que alcanza, finalmente los estrechos de los Ríos Bajos.

Preciosa está la riera a finales de abril, aún con caudal alto y con las tiernas hojas poblando las ramas …

pero los atardeceres tibios de mayo, tras las lluvias, con la tierra mojada y la primavera avanzada tienen algo de especial …

En la ladera de la derecha, sobre el primer bancal, afloran unas crestas de arenisca de formas suaves y numerosas oquedades. Es un yacimiento arqueológico conocido como El Castelejo, en el que se han encontrado restos cerámicos de la Edad del Hierro y grabados medievales en la roca.

El sendero sale a un buen camino agrícola flanqueado por unos árboles de notables dimensiones.

Al poco se encuentra uno de los paneles de la ruta temática dedicada al valor cultural del chopo cabecero que recorre la vega de Galve. En este caso, está dedicado al cuidado, manejo y aprovechamiento de estos árboles.

El sendero sigue un buen camino que va en paralelo al río.

Una mirada atrás del excursionista ofrece una bella imagen de los estrechos. Recuerdan a una enorme e inexpugnable fortaleza rocosa con un único acceso, el río.

Formidables chopos cabeceros centenarios forman parte de la dehesa fluvial …

Esta arboleda se encuentra en un espacio concedido al río para que se expanda durante sus habituales avenidas. Se aprovecha tradicionalmente para la producción de madera y para el pastoreo de ovino. Este es el origen de este singular paisaje cultural.

Rebaño de ovejas y pastor en la vega de Galve Foto: Ernesto Pastor

El sendero se interna en una arboleda diferente. Es un bosquete formado por enormes ejemplares de álamo cano (Populus canescens). Troncos gruesos y doblados, ramaje tortuoso, cortezas blancas, inquietas hojas de contorno entre redondeado y poligonal …

Enormes álamos canos forman líneas en los ribazos de los bancales. Otros forman un bosquete que se extiende hacia la orilla del río. Este paraje es conocido como El Espinar por la presencia de un sotobosque en el que predomina la vizcodera. Donde entra la luz y lo hace poco el ganado, surgen multitud de rechizos de álamo cano desde sus raíces.

El camino se aleja del río pero sigue bajo la sombra de la alameda. A mano derecha se levantan pequeños cerros en los que, a salvo de las crecidas del Alfambra, establecieron sus poblados gentes de diferentes culturas, desde la Edad del Hierro hasta la época romana.

Los campos de cultivo cada vez son más frecuentes. Cereal, alfaz, hortales … se benefician, cuando se puede, del riego de la acequia que delimita la vega, y de la proximidad del freático.

Tras una recurva del camino el senderista puede llevarse una gran sorpresa …

La réplica de … ¡un enorme megalosaurio!. Y es que nos encontramos dentro del Parque Paleontológico de Galve, un conjunto de más de sesenta yacimientos de restos de seres vivos, varios de icnitas de dinosaurios, varias réplicas y dos museos paleontológicos. Un panel aporta información sobre la importancia de Galve en la paleontología de los dinosaurios.

En la margen izquierda del río, muy cerca, se encuentra la fuente del Piojo, que alimenta un gamellón en el que abrevan las ovejas. Y un camino agrícola por el que viene el PR-TE 51 Ruta de la Virgen del Campo desde la masía de la Abeja (y desde Camarillas, Aguilar y Jorcas) y por el que se llega al yacimiento de icnitas de dinosaurio de Corrales de Pelejón.

El senderista puede descansar en el área recreativa o continuar por la orilla del río hacia las réplicas recién restauradas del aragosaurio o del iguanodón y hacia los Ríos Bajos, por una variante circular (pues acaba igualmente en Galve) del GR 199 que recorre la vega y que titulamos «Caminando entre dinosaurios«.

Pero no es el propósito de esta ruta. La dirección a tomar es la que nos permite llegar directamente al pueblo, del que tan solo restan 1,3 km, pues ya llevamos una buena caminata a las espaldas. El camino se aleja del río y atraviesa la vega para acercarse a la antigua acequia (actualmente entubada) y a la tejería, un espacio de arqueología industrial magníficamente restaurado en el que puede descubrirse cómo tenía lugar la fabricación de tejas. Merece la pena la visita.

Antes de alimentar a este ingenio, el agua de la acequia hacía lo propio en el vecino molino harinero: el Molino Viejo. Es una lástima que se encuentre en estado de ruina. Puede verse muy bien cómo el viguerío de techado y solado procede de la escamonda de los chopos cabeceros. Economía circular, le llaman ahora.

El camino y nuestra excursión enfilan la recta final. A la derecha queda Legendark, la sede de Dinópolis en Galve, cuya visita es muy recomendable y atractiva para todos los públicos.

Una vez se llega al pueblo también puede visitarse el flamante Museo Paleontológico de Galve, que ya ha completado su primera fase y que reúne las colecciones recogidas por D. José Mª Herrero.

Y, como broche final, no podemos dejar Galve sin descubrir su gran joya artística: la iglesia de Nª Sª de la Asunción

y su espléndido retablo rococó en yeso …

Pero una andada y una aventura como la que acaba de terminar el senderista se merece una buena comida o al menos una cerveza y una buena tertulia en algún bar de Galve, donde siempre se aprende mucho.

¡¡A disfrutarla!!