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DE LA VAL DE MOTORRITAS A ALLEPUZ

GR-199 RUTA DE LOS CHOPOS CABECEROS DEL ALTO ALFAMBRA

El Parque Cultural del Chopo Cabecero del Alto Alfambra es un territorio situado en el sur de la cordillera Ibérica que alberga un excepcional patrimonio cultural y natural derivado del aprovechamiento histórico de los recursos naturales. Este territorio, desde el siglo XV, orientó su economía a la ganadería de ovino y a la elaboración de la lana para la fabricación de paños. La necesidad de pastos para los rebaños supuso la transformación de los bosques en unos páramos de impresionante extensión y belleza. En paralelo, la necesidad de madera obligó a plantar miles de chopos y a gestionarlos como árboles trasmochos generando la mayor masa de chopo cabecero de Europa.

El GR-199 Ruta de los Chopos Cabeceros del Alto Alfambra es un sendero de nueva creación que acompaña a este río desde su nacimiento en la val de Motorritas, término municipal de Gúdar, hasta los Estrechos de los Alcamines, término de Galve, y que atraviesa también los de Allepuz, Jorcas, Aguilar del Alfambra y Camarillas, y vertebrando el citado parque cultural.

Su recorrido sigue la ribera del río Alfambra. Goza de la compañía del agua y de la sombra proyectada por los viejos chopos y sargas trasmochas. Atraviesa  ambientes naturales bien diferenciados. En su cabecera, en la vertiente norte de la sierra de Gúdar, se extienden los pinares propios de la alta montaña mediterránea, transformados en buena parte a prados para su aprovechamiento ganadero. Al entrar el río Alfambra en el término de Allepuz, el valle se abre y comienzan las tierras de labor. Cuando el río alcanza el Estrecho de Aguilar se inicia un profundo y sinuoso cañón fluvial de doce kilómetros de longitud abierto entre amplias parameras. Concluye cuando el río sale a la vega de Galve, una alargada hoya rodeada igualmente de montañas.

La longitud del GR-199 en su eje principal será -cuando se concluya- de 48 kilómetros aunque ésta se incrementará con conexiones a los núcleos urbanos de los municipios que atraviesa, bien por trazados nuevos, bien por otros senderos (PRs o SLs) que ya están definidos. En una primera fase se han balizado y señalizado 15,5 km. del tramo comprendido entre la ermita de Santa Quiteria (Gúdar) y la del Loreto (Allepuz). Es una atractiva propuesta para disfrutar del senderismo en unos paisajes poco conocidos.

En su recorrido por el término de Gúdar, el Alfambra, es conocido como río Blanco. Se considera que nace en la Fuente de la Teja, en el valle de las Motorritas, a unos 1.650 m. de altitud, aunque como curso discontinuo se remonta cien metros más alto pues surge de la confluencia de dos arroyos que surcan el Bolage de los Pares.

La val de Motorritas es un amplio y alargado valle cerrada por montañas, tanto por el norte (Loma Gorda, 1865 m.; La Silleta, 1928 m.) como por el sur (El Morrón, 1912 m.; Alto de la Gitana, 1.951 m; Peñarroya, 2.028 m.). Se puede acceder en vehículo tomando la carretera que une Gúdar y Valdelinares, desviándose a los 2,5 km. por una buena pista o bien tomando el PR-TE 29 si se quiere llegar caminando, tras 5,8 km.  

El Km. 0 del GR-199 se encuentra junto a la ermita de Santa Quiteria y al cauce del río Alfambra que, durante periodos secos puede ser tan solo un lecho de cantos. Es un sencillo templo levantado en el siglo XVIII con función de capilla para los masoveros habitantes del valle. Sus paredes son de mampostería, sillares en el arco de acceso y cubierta de teja a dos aguas. Un espadaña mantiene una campana que puede tocarse desde fuera.

Por la val de Motorritas se extienden amplias praderas salpicadas de pequeños pinares. Es un territorio de vocación ganadera. Antaño de ovino, hoy de vacuno. Los prados están delimitados por muros construidos mediante la técnica de la piedra seca de bellísima factura. Una técnica constructiva muy extendida en el Alto Alfambra y que ha sido incluida en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO. 

Estos prados y bosques forman parte del Lugar de Interés Comunitario Maestrazgo y Sierra de Gúdar por los hábitats, por las especies que alberga y la singularidad de los procesos ecológicos que tienen lugar. Un caso. En estas praderas crece la cruz genciana, una planta propia de algunas cordilleras europeas y que en la península se circuscribe a la Ibérica y a los Pirineos.

Sobre sus hojas, en primavera, ovoposita de forma específica la hormiguera de las turberas, una mariposa cuyas larvas se alimentan específicamente de las hojas de genciana y que dependen igualmente de las hormigas. Estas son atraídas por las larvas de la mariposa pues producen sustancias químicas similares a los que emiten la larvas de las hormigas siendo llevadas al interior del hormiguero donde acaban devorando a sus larvas.

Siete masías jalonan el fondo y la solana de Motorritas. Son enormes edificios formados por varios cuerpos. Vivienda, graneros y corrales. Construidas con piedra, son un ejemplo de un poblamiento en hábitat disperso que se ha mantenido desde el final de la Edad Media hasta mediados del siglo XX, cuando los cambios sociales y las secuelas del conflicto del maquis causaron su abandono. Es un patrimonio tan espectacular como vulnerable.

El sendero pasa junto a las monumentales masías de los Barrancos y la Solsida. Deja la pista y se encarama por una ladera en solana cubierta por un pinar abierto entre un matorral de tomillo y espliego. A la izquierda, a los pies del caminante, y resuena -pero no se ve- el río, que abre una estrecha y larga garganta en las duras calizas. Más hacia el sur, se levanta la imponente mole del Peñarroya por donde desciende un frondoso pinar, de pino moro, en la cima, y de pino royo, en el resto del monte. El contraste entre la Solana de la Hoz y la Umbría de los Caños es evidente.

El camino desciende bajo el dosel de un joven pinar crecido sobre terrazas abandonadas hace cincuenta años. Algún tramo está empedrado. Son los restos de un antiguo camino de herradura que unía la val de Motorritas con Alcalá de la Selva. Otro elemento patrimonial.

Por las laderas descarnadas alternantes estratos de calizas y margas forman un graderío natural. No es raro ver algún pequeño grupo de cabra montés cuando bajan a beber al río, que ahora casi se ve. Una señal invita a desviarse hacia el mismo para disfrutar de una espléndida cascada y, cuando están funcionales, de los Caños de Gúdar.

Es un trop plein, un singular fenómeno hidrogeológico. Tras temporales prolongados de lluvia o deshielos de copiosas nevadas, una docena de manantiales situados a media ladera -y a la misma altura- descargan su caudal con energía y crean otros tantos pequeños arroyos que desembocan en el joven río Alfambra.

El sendero se abre paso entre prados y bancales cultivados por cereal. Sale a la carretera vieja por la que hay que continuar un tramo hasta llegar a la nueva. Se cruza. El valle, que desciende desde el Puerto de Alcalá, se ha abierto ahora. Afloran arcillas rojas y areniscas blancas del Cretácico y, más hacia el oeste, arcillas grises del Jurásico. Unos y otros son materiales blandos y la erosión ha sido eficaz.

La pista pasa junto a la Fuente del Cura y se acerca al río, ahora poblado por sargas, chopos y espinos, en cuyo lecho asoman gravas cuando hay estiaje. Una nueva opción para ir a Gúdar. El GR-199 sigue dirección Allepuz. Estamos casi en la mitad del camino.

Se cruza el río por un puente de madera confeccionado dejando a un lado a un salto de agua cascada. Pequeñas truchas ocupan las pequeñas pozas. Es un río vivo de montaña que mantiene aguas calidad, su dinámica natural y una comunidad biológica al consonante.

Al otro lado de la carretera se asoma el Mas del Olmo. Al fondo, la Solana del Barranconero colonizada por un joven sabinar y, frente a ella, un cerrado pinar en la umbría. Esta dualidad refleja bien la meteorología de estas montañas. El paisaje vegetal en estas sierras es algo engañoso. Lo que lo hace tan «verde» son más las bajas temperaturas medias (puede helar los doce meses del año en estos pueblos) que las escasas e irregulares precipitaciones.

Los antiguos campos de labor son ahora pastos para las vacas, cercadas por muros de piedra o red metálica. Hay que cruzar a lo largo de la ruta varias porteras con pastor eléctrico, debiendo cerrarlas tras nuestro paso.

Muros de piedra seca o espinares de agrillo, vizcodera, cornejos, aligustres y galabarderas cierran los prados. Es el reino de los mirlos, los escribecartas y los petirrojos que encuentran insectos en la estación favorable y frutos en el otoño y el largo invierno.

Surge un nuevo desvío hacia Gúdar. El GR-199 sigue por la margen izquierda del río. Una cascada advierte del arranque de un azud, el del Molino de Arriba, junto al que crecen unos viejos chopos cabeceros, árboles muy apreciados por los molineros. Estamos en la pequeña vega de Gúdar. Al poco se alcanza el área recreativa de las Peñas del Molino. Y enfrente, se yergue altiva y espectacular la Cingla con la ermita de La Magdalena.

El sendero cruza el río. Pasa bajo un dosel de arbustos que colonizaron el viejo camino de Alcalá de la Selva a Allepuz por su falta de uso. Afloran enormes bloques de arenisca. En este tramo coinciden el GR-199 y el PR-TE 33.  Se acerca a las masías de la Peña y del Prado, ya abandonadas. Allí surge un nuevo desvío -el último- a Gúdar.

El GR-199 sigue fielmente el curso fluvial entre setos arbustivos, cerradas de piedra seca y prados pastados por tranquilas vacas. En ambientes sombreados y con suelos frescos crecen las orquídeas. Las mariposas son muy abundantes y variadas en la estación favorable. Espinares y sargales retienen restos vegetales durante las crecidas. Son los riñones del río.

Aguas abajo, en ambas orillas, las masías de La Granja y la de los Toscos aparecen enfrentadas. Es este un país de masías.

A la izquierda se desvía el PR-TE 33 que asciende hacia el Cerro de los Siete Lugares, así llamado por ser una extraordinario mirador del Alto Alfambra desde el que se divisan los pueblos de Aguilar del Alfambra, Ababuj, Cedrillas, Monteagudo del Castillo, El Pobo, Allepuz y Gúdar.

Se prodigan los álamos canos, los chopos cabeceros y los sauces trasmochos. Ya estamos en término de Allepuz. Sigue el paisaje de prados salpicados de bosquetes de pino royo y enebro. Y sigue el sendero protegido bajo la sombra de los espinos. Pasamos frente al Mas de los Barrancos.

Afloran arcillas violáceas del Cretácico. Estas rocas llevan años bajo la mirada de las empresas mineras con el propósito de abrir una explotación a cielo abierto para su venta a la industria azulejera de Castellón. Ayuntamientos y vecinos del Alto Alfambra, por lo general, ven más problemas que ventajas a estos proyectos por su alto impacto ambiental y por el escaso beneficio local.

En mayo y junio, en unos prados cerrados con setos arbolados, es fácil encontrar rebaños de ovejas merinas amamantando sus cordericos, recién llegadas de la trashumancia por tierras extremeñas.

El GR-199 abandona ahora el curso del Alfambra y pasa junto al Mas de la Tejería. Sale a la carretera y, tras pasar por la granja escuela, la vieja fábrica de harinas y el Mas del Río Alto, ofrece la posibilidad bien de seguir hacia Jorcas o bien, como es el caso, de desviarse para alcanzar el pueblo de Allepuz, que ya nos mira encaramado en la solana.

El sendero sale al encuentro del río Sollavientos que, al poco, desemboca en el Alfambra. Y sigue su curso remontante en un precioso tramo orlado por cerradas de piedra seca y frondosos arbustos. La arboleda de chopos cabeceros en el tramo final del Sollavientos es magnífica.

Se alcanza el puente de la carretera. Y se cruza el río. Allí el desvío del GR-199 conecta con el sendero local de la Dehesa de Allepuz por el que ascenderemos entre bancales por una antigua calzada de zigzageante trazado hasta concluir en el Loreto. Comenzamos en una ermita y terminamos en otra.