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DESCUBRIENDO LA FLORA ARVENSE DEL ALTO ALFAMBRA

El día 12 de junio del 2018, un grupo de ingenieros agrónomos especializados en Malherbología procedentes de Lleida y de Zaragoza visitamos el Alto Alfambra.

Nuestro principal objetivo era tratar de ampliar nuestra colección de malas hierbas …

recolectando semillas y plantas …

Chabier de Jaime nos guió y nos acompañó a barbechos y campos de pipirigallo de los pueblos de Galve, Camarillas, Aguilar del Alfambra y Jorcas

 
… para luego adentrarnos a una zona más montañosa y con otro tipo de flora en Allepuz, culminando la visita en la preciosa Val de Sollavientos, para nosotros hasta entonces desconocida. 
¿Y hasta estos pueblos nos tenemos que desplazar para ampliar la colección? Efectivamente, la flora arvense que hay en esta zona es peculiar. En los pueblos de estas zonas de Teruel, frías y de escasas precipitaciones, practicando el “año y vez” y con un uso moderado de herbicidas, es donde encontramos aún ciertas especies como Papaver argemone … 
Hypecoum pendulum …


Neslia paniculata, Ranunculus arvensis …


Silene conoidea y otras, existentes también en otras zonas pero que nos faltaban en nuestra colección: por ejemplo Polygonum convolvulus. Todas ellas son especies mesícolas, adaptadas al cultivo de la “mies”, del cereal. Están, por lo tanto, acostumbradas a las labores del suelo y también al ciclo de los cereales de invierno. Por ello, emiten semillas poco antes de cosechar el cereal o durante la siega; también suelen estar bien adaptadas al laboreo, el cual hasta les favorece al dispersar sus semillas colocando algunas en posición ideal para germinar y a otras en posición desfavorable, la cual superan entrando en dormición esperando a mejores momentos para despertarse y germinar. 
Una vez nos habíamos surtido con las plantas que deseábamos ver e incluir en nuestro jardín, visitamos una zona más ganadera que agrícola en la que pudimos disfrutar de un paisaje igualmente humanizado y bellísimo. 
Las copiosas lluvias de mayo habían vuelto los prados en verdes paraísos para las vacas y ovejas que pastaban en ellos: en la Val de Sollavientos. Pero también allí disfrutamos de la flora. Allí crecían gencianas, orquídeas y otras maravillas vegetales, así como hongos de todo tipo. 
El broche final fue cultural, pudimos sorprendernos con la historia de producción de paños de lana de la zona que, para poder mantener vías de transporte en invierno con nubes y nieblas, se balizaba con unos sorprendentes postes de piedras. Desconocido completamente por nosotros, el “Camino de los Pilones”, un camino histórico que unía Teruel y poblaciones de Levante. 
Tras esta visita estamos cuidando las semillas que recogimos con cariño y que sembraremos en otoño. 
¡Pero esto no ha acabado, nos siguen faltando unas cuantas! Entre ellas, nos gustaría poder cuidar y dar a conocer a Iberis amara y también Arrenatherum bulbosum, una curiosa gramínea de reproducción a partir de bulbos, muy rara en España. Esta última habíamos llegado a tenerla, pero no se adaptó a la “domesticación” y estamos deseando volver a poderla ver. 
Mil gracias por enseñarnos y acompañarnos por esos recónditos lugares de Teruel. Tan desconocidos y tan hermosos. Ojalá el “turismo floral” pueda aportar un granito de arena en el desarrollo de la zona. Cuenta con nosotros para ello.
Alicia Cirujeda (Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria)