DE AGUILAR A GALVE (I)

EL GR 199 POR LOS ESTRECHOS DEL ALFAMBRA

Es el último tramo del GR 199 Ruta de los Chopos Cabecero del Alfambra a su paso por el Parque Cultural. Ha sido, sin duda, el de elaboración más compleja por las dificultades orográficas que presenta el territorio pero igualmente uno de los más hermosos por la grandiosidad de sus paisajes.

Estrechos del Alfambra. Foto: Eduardo Viñuales

Si el tramo Motorritas-Allepuz era el del dominio de los prados y pinares de montaña y el de Allepuz-Aguilar era el del paisaje agrícola y la frondosa arboleda de chopos cabeceros, el de Aguilar-Galve es el de las hoces que ha abierto el río Alfambra en las calizas del norte de la sierra de El Pobo.

La conjunción de los acantilados y los cinglos, de las extensas parameras que a ellos se asoman, del accidentado curso del río Alfambra a través de los estrechos y de una ribera continua formada por cientos y cientos de álamos negros trasmochos constituye un paisaje único en Aragón y, posiblemente, en Europa.

Este tramo del GR 199 es de tipo lineal (travesía), tiene un longitud de 17,59 km y requiere de unas 4 horas y media para ser realizado.

El desnivel positivo es de 442 m y el negativo de 347. La altitud máxima es de 1.361 m y la mínima de 1.172. Como puede verse, salvo un par de ascensos para evitar estrechos, es un suave y prolongado descenso siguiendo el curso del río.

Este tramo parte de Aguilar del Alfambra y sigue el curso del río hasta alcanzar el estrecho de la Virgen de la Peña donde remonta El Cerro. De allí baja al valle de Cañaseca, donde inicia su entrada en las hoces. Siempre por la margen izquierda acompaña al río ayudándose, en algunos puntos, de pisas y sirgas, hasta alcanzar el término de Camarillas, poco antes del centenario Molino de Barberán.

Allí comienza a coger altura para evitar unos complicados estrechos lo que permite ganar perspectiva sobre la hoz al pasar bajo Peña La Asnada. Desciende entonces hacia la vega, en las inmediaciones de la masía de la Abeja y se interna de nuevo en las hoces, ya en término de Galve, con la ayuda de pasaderas de madera, sirgas y pisas metálicas.

Tras pasar bajo las Rochas Altas, en un territorio muy quebrado, tiene salida a la vega de Galve en el paraje del pantano (Ríos Altos). Cambia el paisaje, el agreste cañón deja paso a una amplia llanura de tierras de cultivo, acequias y kilómetros de setos arbolados, además de una dehesa fluvial con viejos chopos cabeceros que nos acompañará prácticamente hasta el pueblo.

El track de esta ruta se encuentra accesible en wikiloc pulsando en este enlace.

El medio natural que se recorre no está exento de riesgos pues algunos de los tramos son parajes muy agrestes o bien se pasa junto a profundas caídas. En aquellas zonas en las que el sendero acompaña al río, sobre todo en los estrechos, hay que tener en cuenta la posibilidad de crecidas. La cuenca del Alfambra es muy extensa, está muy deforestada y las lluvias torrenciales son relativamente habituales en ella. Antes de adentrarse en las hoces hay que conocer la predicción meteorológica y deberá evitarse la excursión si hay riesgo de tormenta. Aún así, si se produce una crecida súbita, hay muchos puntos de salida hacia las laderas contiguas pues son escasos los tramos largos encañonados. Por último, en estos, conviene estar atento a la caída de piedras provocadas por las cabras monteses.

La orientación en ruta es sencilla pues la traza del sendero es clara y la señalización es bastante completa.

Es un sendero con cierta dificultad en el desplazamiento pues en las zonas elevadas son comunes los tramos escalonados al atravesar terrenos irregulares. Por último es un recorrido exigente en cuanto al esfuerzo necesario por la duración del mismo.

Por ello, en términos generales, requiere del senderista una cierta experiencia en caminar por la montaña, una buena forma física y, además, prudencia pues se trata de un terreno alejado de cualquier población, de mala accesibilidad y sin cobertura telefónica.

Este espacio natural tiene un gran interés científico y ecológico. En particular geológico. El cluse del estrecho de la Virgen, el estratotipo de la formación Aguilar del Alfambra, el cañón que forma este río hasta Galve, así como los yacimientos paleontológicos de esta última localidad están reconocidos como Lugares de Interés Geológico. La Zona de Especial Protección de Aves (ZEPA) «Parameras del Alfambra» se prolonga desde la sierra de El Pobo hacia los estrechos, ya en los términos de Aguilar y Camarillas. Así mismo, un tramo del bosque ripario de Aguilar forma parte de la Arboleda Singular de Aragón «Ribera de chopo cabecero del Alfambra«, de la que forma parte el magnífico y reconocido Chopo del Remolinar, Árbol Singular de Aragón.

Pero, a pesar de tratarse de unos parajes tan remotos, también reúne elementos de interés cultural, asociados al aprovechamiento tradicional del agua y al patrimonio industrial asociado a la explotación del yeso, además de múltiples elementos de la cultura ganadera que conforman el paisaje.

El GR 199 es un sendero de tipo lineal (travesía). Sus 56 kilómetros -o sus cinco tramos parciales- pueden caminarse en cualquiera de los dos sentidos, Gúdar-Galve o Galve-Gúdar. En este artículo se va a describir el último tramo que nos faltaba: de Aguilar a Galve.

En este primer artículo se va describir el tramo comprendido entre el núcleo urbano de Aguilar del Alfambra y el antiguo Molino de Barberán (Camarillas).

La ruta sale de la plaza de Aguilar del Alfambra, donde se encuentra la fuente y el bar-multiservicios. En esta explanada antaño se reunían diariamente los animales que iban a pacer a la dula. Una señal de madera indica un camino que lleva a las «Huellas de dinosaurios» y «La Muela». Hay que seguirlo y al poco comienzan a verse las marcas de pintura blanca y roja que nos acompañarán durante toda la excursión.

Antes de dejar el pueblo podemos apreciar diversas muestras de arquitectura popular serrana, Paredes de piedra, cubierta de teja árabe, viguería de madera y múltiples detalles de forja y carpintería en ventanas y balcones …

que se expresan tanto en las viviendas …

como en pajares, graneros y corrales ….

El camino pasa entre alargados bancales que descienden hacia el río …

… y la ladera de El Cerro, alargado monte en cuya solana se cobija el caserío.

Trigos, cebadas, centenos, girasoles y pipirigallos crecen en estas parcelas ofreciendo paisajes cambiantes según las estaciones y el ciclo agrícola.

Pequeñas crestas de estratos calizos acompañan al caminante. Una mirada atenta descubre las galerías que abrieron invertebrados que habitaban en la plataforma del Mar de Tethys.

La alargada y elevada ladera de El Cerro muestra una secuencia de estratos, capas de rocas sedimentarias. Estas rocas son muy variadas. Hay arcillas, areniscas, margas y calizas. Parecen rocas sin más. Sin embargo, estamos ante un paraje en el que recientemente se ha definido una nueva formación geológica: la Formación Aguilar del Alfambra. Una formación geológica es un término técnico que define a un conjunto de rocas que tienen características propias que las diferencian de las contiguas. Pues bien, en esta ladera se encuentra el afloramiento de referencia de dicha formación. Es un estratotipo. Y por ello está en camino de declararse Lugar de Interés Geológico.

Formación Aguilar del Alfambra. Foto: Laura Najes Pérez

Poco antes de alcanzar la ribera del río Alfambra aparece un panel de madera con una réplica muy fidedigna de un relieve rocoso sobre el que destacan numerosas icnitas de dinosaurios

… que se han encontrado en el paraje del Hontanar, situado a unos 2,5 km siguiendo la pista que cruza el río.

Mucho más cerca del senderista, a poco más de 60 m, desciende un pequeño barranco y se levanta una cresta caliza …

en cuya umbría se aprecian varios contramoldes de saurópodos

… cuyo contorno no ha sido pintado y que se encuentran en un buen estado de conservación. Merece la pena acercarse.

El sendero alcanza el río. Es un paraje muy hermoso. Hay una palanca y también un vado.

El camino sigue por la margen derecha del río y se acerca a una dehesa de chopos cabeceros.

Las crecidas del Alfambra son regulares y, en ocasiones, muy importantes. Los vecinos han sabido conceder espacio al río para estos episodios evitando su roturación y dedicándolo a prados arbolados. Una inteligente estrategia de ordenación territorial.

Siguiendo el camino, a mano derecha, hay un panel de una ruta temática sobre el valor ambiental de estos árboles que jalona el tramo del GR 199 entre Jorcas y Aguilar del Alfambra.

Junto al panel un chopo muy robusto, de ramaje joven y de tronco muy rugoso y retorcido.

Se dice en el pueblo que el aspecto «atormentado» de este árbol se debe a que bajo sus ramas fueron quemadas las imágenes religiosas de Aguilar cuando en los primeros compases de la Guerra Civil llegaron las columnas de milicianos.

Poco más adelante, a la izquierda del camino se yergue el famoso Chopo del Remolinar.

Este chopo cabecero fue el candidato español en el concurso European Tree of the Year en 2015. Este certamen reconoce a los árboles más apreciados por las comunidades locales, aquellos con los que se las personas establecen un vínculo más especial. Hasta 2015, España no había participado en este concurso y por iniciativa de la Plataforma Aguilar Natural y del Centro de Estudios del Jiloca se elaboró una candidatura que lo dio a conocer fuera del ámbito local. Durante aquel mes de febrero tuvo lugar la trepidante fase final en la que mediante una votación on line los ciudadanos europeos elegían a su árbol preferido.

Un árbol de un pequeño pueblo de las montañas de Teruel consiguió nada menos que 13.951 apoyos lo que le valió para conseguir el tercer puesto en el European Tree of the Year 2015 y obtener una estatuilla conmemorativa en madera que fue recogida por una vecina de Aguilar en un acto celebrado en Bruselas. Unos meses después fue celebrada una gran fiesta en la localidad y numerosas personas acudieron a visitarlo.

En marzo de 2015 el Gobierno de Aragón promulgó el Decreto por el que se regula el Catálogo de árboles y arboledas singulares de Aragón. En el mes de julio del mismo año, la Consejería de Desarrollo Rural y Sostenibilidad firmó una Orden mediante la que declaraba la singularidad de los primeros diecisiete árboles de Aragón, entre los que se encontraba el Chopo Cabecero del Remolinar.

El sendero sigue. Un nuevo árbol notable surge a nuestro paso. Es el chopo fénix.

Un ejemplar cuyo tronco se tronzó de forma incompleta cayendo, apoyándose sobre el suelo y volviendo a levantarse. Es lo que en arboricultura se denomina un árbol fénix que, como el ave mitológica, resurge de sus cenizas.

El sendero atraviesa una dehesa fluvial de centenarios chopos cabeceros. Es un paraje de una gran belleza, incluso en invierno, cuando el frío, la soledad y el silencio se adueñan del mismo.

El río y la senda trazan una curva y se acercan hacia El Cerro en cuyo extremo se levanta una pequeña ermita a la que después ascenderemos.

Junto al camino se levantan las últimas paredes y el arco del cárcamo de un ruinoso molino-serrería que se movía con el agua que recogía la acequia del Remolinar.

El valle se estrecha cada vez más y accedemos a la base de El Cerro. Una señal nos recuerda que ya se han recorrido 2 km y nos propone asomarnos al Estrecho de la Virgen.

El río Alfambra, tras su formación tuvo que abrirse paso entre las duras calizas que forman El Cerro. Los estratos casi verticales formaban un verdadero frontón, de tal modo que, durante un tiempo funcionaría como una presa natural acumulando sedimentos la actual vega de Aguilar: un auténtico embalse.

La prolongada y tenaz acción erosiva del río fue abriendo brecha …

… hasta crear el profundo estrecho.

Se recomienda desviarse unos cien metros de la ruta para disfrutar de este rincón mágico y natural.

La interesantísima historia de este estrecho y del relieve del Alto Alfambra puede consultarse pulsando en este enlace.

Desde la citada señal hay que acometer la subida al Cerro. La señal no tiene aún la flecha direccional pero se ven las marcas de pintura que nos conducen por una pequeña senda ladera arriba.

La pendiente es fuerte pues hay que remontar cien metros de desnivel …

pero la panorámica es fantástica …

El relieve crea un paisaje de una gran belleza. En la serie de estratos inclinados las aguas superficiales erosionan más fácilmente sobre las margas (los materiales más terrosos) que sobre las calizas. Es un caso de erosión diferencial.

Hacia el sur, las casas de Ababuj se reúnen alrededor de la iglesia y de la Torre Vieja.

La senda traza un quiebro y sale a un buen camino que sube desde el pueblo hasta la ermita. El GR 199 continúa recto a través de la loma tal como indican las balizas de seguimiento de ruta.

Esta loma estrecha se enrasa con las que se extienden hacia la sierra de El Pobo y las muelas de Camarillas y Jorcas. Forman parte de la superficie de erosión fundamental, un altiplano que se formó hace unos 5 millones de años como resultado de la erosión con la que culminó la orogenia Alpina.

La presión ganadera y la deforestación ejercidas desde hace siglos han creado un paisaje de páramos calizos que ha sido aprovechado como pastos por los rebaños de ovejas. En estos ambientes han encontrado su hábitat una serie de especies vegetales propias de las crestas, bien adaptadas a la exposición al viento y a la sobreiluminación, a los suelos pobres y al diente de los herbívoros. Su máximos exponentes son el erizo, el toyago y la jadrea. Y otra de animales de la que poco sabemos pero entre las que destaca la comunidad de aves única en Europa, más propia de las estepas del Atlas o de Anatolia, con especies de máximo interés y en grave peligro de extinción, como el rocín (alondra ricotí), la churla (ganga ortega), la charreta (terrera común), el chorlito aliaguero (alcaraván común) o el sisón.

Estas aves tienen un gran interés científico por lo que sus poblaciones reciben seguimientos tanto por los gestores ambientales como por aficionados en proyectos de ciencia ciudadana como el programa SACRE.

Al llegar al camino se recomienda desviarse hacia la izquierda para descubrir un paraje de gran interés: la Peña. En un mismo sitio concurren un yacimiento arqueológico de la Edad del Bronce (sin excavar), los lienzos de un castillo cristiano de tiempos de frontera (s. XII), una ermita de origen tardomedieval, un sobrecogedor precipicio que se asoma al río y que permite conocer la cluse (reconocido como lugar de interés geológico) y un fantástico mirador del Alto Alfambra.

El sendero recorre el raso que culmina El Cerro y se asoma a Cañaseca, una alargada depresión formada por dos valles de suaves pendientes que convergen en el río. En el fondo de los valles, cultivados mayormente, destacan unas arcillas rojizas terciarias que contrastan con las calizas jurásicas que forman los páramos y que acompañarán al senderista por las hoces.

La senda traza un zigzag en su descenso por la umbría del El Cerro. Conviene seguirla pues resulta más suave para el caminante y también para reducir la erosión. Las señales y las líneas de piedras nos acompañarán en todo momento.

En los campos del fondo, a primera hora de la mañana, pueden verse grupos de cabras monteses pastando en los rastrojos o en los sembrados …

… mientras que en los fines de semana o durante las vacaciones tampoco es raro encontrar algún ciclista que aprovecha la senda para disfrutar a otro ritmo y medir sus fuerzas.

Cañaseca ha tenido un intenso uso ganadero. Los extensos pastos del monte, los rastrojos de los campos y la proximidad del agua para abrevar favorecieron la construcción de numerosos corrales, todos ellos de pequeñas dimensiones, por tratarse de pequeños rebaños. Son una constante en el paisaje.

La senda alcanza la ribera y cruza el río por una palanca que también aprovechan las ovejas en sus careos.

Ya en la margen izquierda del río seguimos por un camino bajo unos magníficos y bien cuidados chopos cabeceros hasta llegar a un vado creado por los tractores. Es el momento de abandonar temporalmente el río, que se interna en la boca de la hoz, y de tomar una senda que asciende por el peñasco.

Cañaseca muestra también un paisaje en mosaico formado por campos de cultivo, setos arbustivos, pastizales, roquedos, bosques de ribera y, completando el conjunto, el río.

El sendero coge altura …

… y se asoma sobre el río. El descenso debe resolver una notable pendiente por lo que se han instalado unas sirgas de seguridad en la roca.

Es una umbría en cuyas repisas crecen delicadas plantas, como las campanillas (Campanula hispanica)…

La senda desciende entonces hasta la orilla del río. Durante el estiaje la corriente es escasa y pueden llegar a formarse remansos en las tablas …

El sendero pasa bajo una arboleda lineal …

… y al pie del cinglo de la hoz. El paseo no puede ser más amable.

Estamos en Peña Amarilla, un roquedo en cuyas paredes se dibuja una cara de persona.

En la margen derecha se extienden pequeñas dehesas de chopos cabeceros …

… en las que también hay viejas sargas, algunas con grandes hongos saproxílicos.

La senda se eleva sobre el río.

El río Alfambra, en cuanto a la regularidad de su caudal, es un río-rambla. Su estiaje es habitual y puede llegar a secarse, incluso en invierno, durante episodios de sequía prolongada.

En la margen derecha se levantan los Cantos de la Hoz. Es la brusca caída de los páramos que se proyectan desde la sierra de el Pobo hacia Camarillas.

Esta mole rocosa está formada por una secuencia de numerosos estratos calizos de escaso espesor que están ligeramente inclinados por formar parte de un pliegue.

La senda en primavera suele estar cubierta de hierba pues el paso de los senderistas todavía es escaso. El paseo bajo el dosel de estos árboles no puede resultar más sugerente y relajante.

El río traza una curva y el valle se abre hacia la margen izquierda. Una tendida ladera desciende desde los cinglos. Las villomeras (Amelanchier ovalis) cubren las zonas menos soleadas. En invierno, destacan por el color morado de sus jóvenes ramas …

en primavera por el esplendor de su floración mientras que en el otoño, antes de caer, las pequeñas y redondeadas hojicas de este arbusto toman un tono amarillo que pinta la ladera durante unas semanas ….

Próximos a la orilla, los derrubios de ladera casi se enrasan con los sedimentos fluviales. Este sustrato es apropiado para la artemisia (Artemisia pedemontana), una planta que agrupa a sus pubescentes hojas en rosetas que apenas se levantan del suelo y que impregnan el aire de aroma al pisar las alfombras que forman.

La senda se cierra al llegar a un cortado. El paso se ha resuelto instalando unas pequeñas pisas metálicas que permiten al senderista pasar sobre el río pudiendo agarrarse a una sirga. Es el primero de los que encontraremos en esta ruta.

A mano izquierda se levantan los cinglos formados por el desprendimiento de bloques que induce la erosión fluvial. La caída desde el cantil hasta el río supera los cien metros. En la caliza se observan repisas y oquedades.

En algunos de estos acantilados nidifica el buitre leonado formando una pequeña colonia. No es raro verlos posados al principio de la mañana, antes de remontar vuelo cuando se forman las corrientes térmicas de aire al sobrecalentarse la roca de la paramera. También suele sobrevolar la zona el alimoche.

La senda continúa acompañada de una frondosa arboleda.

El sendero pasa primero junto a un gran tronco hueco y después por una pequeña repisa colgada sobre el río. Hay que ascender por un pequeño tramo encosterado y con piedras sueltas, siguiendo siempre las señales pintadas en la roca. No hay pierde. Una barra de hierro ayuda a cruzar un paso en la roca. Un nuevo ascenso por otro tramo pedregoso entre villomeras y mentironeras (Viburnum lantana) …

… permite alcanzar una zona alta en donde hay una gran alfombra de gayubera (Arctostaphyllos uva-ursi) y, desde allí y siguiendo la senda, bajar de nuevo al río.

A nuestra altura, en la margen derecha, se yergue un agudo peñasco calizo.

De nuevo, magníficos chopos cabeceros forman un extenso dosel. Bajos sus ramas prosperan numerosos enebros que han sido diseminados por los zorzales que vienen a beber al río tras comer los frutillos. Sobre los troncos de los viejos chopos o en sus ramas, una multitud de insectos, líquenes, musgos y otras formas de vida encuentran su hábitat …

A nuestra espalda, río arriba, se levanta la Peña Amarilla.

El sendero vuelve a remontar. Atraviesa un canchal con cantos planos y angulosos. Pasa junto a un pliegue

Y vuelve a bajar al río. Unas pisas y una sirga ayudan a superar un saliente rocoso. Más adelante sobresale un chopo de tronco abierto y de dimensiones notables.

El sendero atraviesa unos prados cubiertos por grandes chopos cabeceros y traza una curva pasando por una calleja abierta en la roca. Es un ambiente umbrío que favorece a las plantas rupícolas de ambientes más frescos y menos expuestos, como ciertos helechos, saxífragas y violetas.

La senda sigue un trazado que no puede ser más sugerente. Prados frescos, sombra en verano y el tibio sol en invierno que se filtra entre las ramas de los árboles.

Una serie de tres pisas clavada en la roca permiten volar sobre una poza.

En la margen derecha afloran unas margas cubiertas por las calizas que forman el cinglo. La menor dureza de las primeras ha permitido que la ladera esté bastante tendida. El sustrato terroso retiene mejor el agua y favorece el desarrollo de los arbustos, como evidencia la prosperidad de las villomeras.

Estamos en un paraje conocido como el Pozo del Contador, un paso estrecho que aprovechaban los pastores para cruzar el río y al mismo tiempo contar las ovejas.

Tras una nueva curva encontramos una terraza colgada sobre el actual cauce.

Su anchura y la posición de unos grandes chopos en relación con el cauce actual sugieren que la erosión fluvial, en sucesivos eventos de crecidas, ha ido incidiendo más en su orilla derecha al tiempo que se profundizaba el nivel base.

Hay tres chopos que son espectaculares …

Sospechamos que en este enclave, sobre el antiguo trazado del río, pudo estar ubicado en azud de la que derivaba la canal que alimentaba el Molino de Barberán.

La senda se aproxima a una pared rocosa que le cierra el paso. Un enorme chopo caído del cual han surgido nuevos troncos, otro árbol fénix vamos, hace de puente. Otra evidencia de la plasticidad funcional de estos organismos modulares.

En adelante, la senda recorre una amplia plataforma picada en roca que también parece estar relacionada con la citada conducción del agua.

El sendero cruza un barranco y va cogiendo altura por una ladera rocosa hasta un rellano. Desde allí se dispone de una preciosa panorámica del tramo recién recorrido y, en un primer plano, una zanja picada en la roca que aparece parcialmente cubierta de derrubios y de arbustos. Esta trinchera formaría parte de la conducción de agua hacia el molino.

En este punto, el río ha conseguido superar una cresta caliza que se interponía en su recorrido creando un cerrado meandro encajado. Esto se aprecia muy bien desde los cantiles cercanos. Las líneas curvas de los chopos se ajustan al recorrido del curso de agua.

Para resolver esta curva la canal del molino debía prolongarse unos trescientos cincuenta metros. La solución consistió en perforar la montaña creando un túnel que permitiera el paso del agua por su interior: la Cava.

Estamos en el límite de los términos municipales de Aguilar del Alfambra y de Camarillas. La boca de entrada de la cava está en el de Aguilar, la salida en el de Camarillas. Las tablillas de los cotos señalan el límite. También lo hace una entalladura abierta en la roca.

Es interesante conocer la cava. Al menos verla desde alguna de las entradas. La más accesible se encuentra en la solana. Hay que dejar el GR 199 algo antes del paso abierto en la roca y bajar unos metros por la ladera.

La boca de entrada del agua se ha descubierto recientemente de los derrubios y de los espinos que la ocultaban.

Para entrar es necesario agacharse pues todavía quedan tierras acumuladas pero, al poco, ya se puede incorporar quien entre, sino totalmente, sí como para avanzar de pie. Eso sí, se recomienda llevar un casco para evitar coscorrones en el techo. Y una linterna. La roca es muy compacta por eso tan apenas hay bloques o piedras desprendidas. Pero conviene ser precavido.

La galería tiene treinta y nueve metros de longitud, una altura que oscila entre los 84 y los 163 m y una anchura holgada que varía entre los 84 y los 163 m, según datos que nos ha proporcionado el Centro de Estudios Espelológicos Turolenses. Al principio es recta y tiene dirección NNE. A los 11 m se desvía hacia NE, volviendo a mantener dirección NNE a los 13 m.

La salida está mucho más obturada que la entrada y obliga a arrastrarse para conseguirlo.

El entorno de la salida está en umbría. La vegetación arbustiva está muy desarrollada. Por eso cuesta encontrarla cuando se busca desde fuera. En adelante, el espinar ha cubierto lo que sería la continuación de conducción del agua, ya en el exterior.

El GR 199 atraviesa el paso abierto en la roca y asoma al otro lado del meandro. Si se quiere ver la salida de la cava hay que descender por una ladera herbosa y cubierta de arbustos, siguiendo unos montones de piedras que la señalizan. El sendero, en cambio, gira hacia la derecha manteniendo el nivel mientras pasa bajo las peñas…

… y junto a un bosquete de álamos canos.

Volvemos al río que habrá que cruzar por una ligera palanca de hierro.

Una vez en la margen derecha, seguiremos por un bancal no cultivado dejando a un lado una chopera de árboles bien cuidados.

En la margen izquierda, prospera un cultivo de pino gargallo o negral -una especie propia de los bosques originales pero de una variedad de origen austríaco- que aprovecha la umbría que ofrecen los peñascos.

El río traza una cerrada curva. Estamos en La Hoz. En la margen izquierda se levanta un peñasco.

Una mirada detallada muestra unas perforaciones de sección cuadrada en la roca.

En estos agujeros se introducían unos maderos que soportaban una -ya perdida- canal de madera que conducía el agua …

… hasta un tramo construido ya con piedra.

El sendero sigue en paralelo al río. Pasa por unas losas calizas en cuya superficie se aprecian unas ondulaciones. Son marcas de oleaje. Esta vez, de un mar jurásico.

La senda se interna entre prados arbolados …

Y sale a una nueva palanca.

Allí coincide el PR-TE 51 Ruta de la Virgen del Campo (Jorcas-Galve). A nuestra derecha, sigue en dirección Camarillas (Aguilar del Alfambra y Jorcas). Si cruzamos el puente nos acompañará durante unos metros para después desviarse hacia la Masía de la Abeja.

Al poco se alcanza la antigua conducción del agua, en algunas zonas picada en roca, en otras construida con paredes de sillarejo …

… que termina en la balsa, ahora colmatada.

En su extremo aún se aprecia el cubo, formado por piedra sillar.

Junto al cubo, el edificio del Molino de Barberán. Tan solo quedan unas ruinas de lo que hace siglos fue un importante ingenio.

El recorrido realizado desde Aguilar del Alfambra hasta el Molino de Barberán tiene 8 km de longitud, algo menos de la mitad del total. Puede ser, en sí mismo, una excursión. La vuelta sería tomar el sendero en el sentido contrario. Otra posibilidad es continuar la excursión por el PR-TE 51, bien dirección al Santuario de la Virgen del Campo y a Camarillas, bien hacia Galve por la Masía de la Abeja. En cualquier caso, si estamos en verano y el río lleva agua, el remanso que se forma frente al molino es idóneo para dar un buen baño.

En el siguiente artículo se describirá la ruta hasta Galve pero continuando por el GR 199, la Ruta de los Chopos Cabeceros del Alfambra. Continuará.